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Lenin en San Fernando

Las ideas, en las democracias, se someten a debates. Y te gustarán o no, pero se pueden criticar las ideas (y los hechos)

El caso del concejal del PSOE de San Fernando que arremetió contra los medios de comunicación privados en Twitter, y defendió que el poder público controle la información, tiene una importancia relativa, pero es sintomático. Ya se sabe que el concejal en cuestión, Ignacio Bermejo, lo retiró y pidió disculpas. Se supone que porque se lo exigieron otros compañeros, ya que una afirmación semejante no es un malentendido. No vamos a pensar que escribe a tontas y a locas. A una persona que dice eso, el PSOE lo debería expulsar de inmediato (encajaría mejor en una organización marxista-leninista), pero como rectificó, se le ha dispensado. Por otra parte, es el séptimo teniente de alcalde isleño. No es un líder nacional del PSOE.

Así que le doy más importancia al pecado que al pecador. Arremeter contra la libertad de expresión es una tentación que tiene cierta izquierda desde los tiempos de la URSS. Es archiconocido el viaje a Moscú del socialista Fernando de los Ríos (que fue ministro de Justicia en la Segunda República) para entrevistarse con Lenin. Sucedió antes, en 1920. Fernando de los Ríos le preguntó a Lenin cuándo iba a restablecer las libertades, al haber triunfado ya la revolución soviética. Lenin le replicó: "¿Libertad para qué?". De los Ríos, que era socialista pero democrático, salió escandalizado.

A partir de ahí, de una escisión del PSOE, nació el PCE. Esa pregunta siguió sin respuesta durante mucho tiempo. En la Guerra Civil, el camarada Alexander Orlov, enviado por los soviéticos, mangoneó al Frente Popular de Largo Caballero, se llevó el oro a Moscú y montó torturas y crímenes, como el del trotskista Andrés Nin, pero eso es memoria histórica. El "¿libertad para qué?", que escuchó Fernando de los Ríos en Moscú, todavía no lo han resuelto algunos. En estos días se les nota. Porque siempre se les nota cuando vienen las duras.

No es sólo un concejal, al que se le van los malos pensamientos. Hay individuos que se dedican a insultar, enviar anónimos, perseguir con comentarios manipulados sin entrar en las ideas, organizadores de campañas de descrédito para pervertir la libertad de expresión... Porque las noticias pueden ser falsas o verdaderas; pero las ideas, en las democracias, se someten a debates. Y te gustarán o no, pero se pueden criticar las ideas (y los hechos) sin necesidad de fusilar a nadie. Ni de tratarlos como borregos, diciendo desde el poder lo que deben escribir y lo que no. Detrás de ciertos comentarios, está el totalitarismo de Lenin, que todavía mantiene muchos admiradores.

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