"Ajá & Ojú"

carmen Oteo

Lector platónico

TODOS los que escribimos algo, por modesto que sea, soñamos con un lector platónico que nos lea con interés aunque no coincida con nuestra opinión, que nos acompañe en la soledad del texto. Yo sé cuando termino un artículo a quien le va a gustar y a quien no. Incluso intuyo quien me va a exigir explicaciones, aunque haya escrito una obviedad, otorgándole a mis ideas mucho más valor del que tienen.

Escribo por amor, por obligación moral, por divertimento, por curiosidad, por impotencia, pero reconozco que escribo para mí misma porque lo contrario sería buscar el halago y alimentar una vanidad que sólo me podría llevar al ridículo.

Si digo que he encontrado a ese lector platónico, que me siento leída, y que cuando veo publicado el artículo en letra impresa pienso en él, no os miento. Y no se trata de que coincida conmigo, ni de que le pueda gustar más o menos lo que escribo, va mucho más allá de esa insignificancia. Digamos que él me hace querer escribir mejor, algo que sólo consiguen las personas que admiro de verdad.

Mi lector, todas las mañanas, todas, me envía a mí y a otros tantos amigos, no más tarde de las diez, un correo electrónico con los principales artículos que se publican en los periódicos españoles. Los artículos vienen todos ilustrados con alguna pintura que le viene como anillo al dedo. Desde cuadros célebres hasta obras no muy conocidas de autores actuales o de otro tiempo. Todas las ilustraciones vienen reseñadas con el título, autor y fecha.

Con todo, lo más impactante es que mi lector hace una valoración conjunta y tempranera de lo publicado en el día del tipo "La prensa hoy infumable" o también "Poca prensa hoy, sólo Ussía nos divierte" o alguna vez "la prensa sin desperdicio". Por último, cuenta en dos palabras de qué va cada artículo e incluso hace una crítica fina del contenido, buena o mala según el día.

Cuando no hay nada que merezca la pena, tira de su propia hemeroteca y manda un artículo publicado hace años en el que ya se hablaba de la crisis del vino de Jerez, o del esplendor de otro tiempo de las bodegas, o de literatura, o de viajes. Su archivo debe ser inmenso.

Cuando los martes recibo su correo lo abro impaciente con la ilusión de que comente mi artículo y lo destaque entre sus renombrados columnistas favoritos y me haga feliz. No sé cómo ilustrará hoy este artículo. Bartolo, pon tu retrato y mi agradecimiento a pie de página.

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