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Lavapiés en peligro

Todo eso no se puede perder. Sin olvidar que sirven para lavarse los pies y no llevarse el coronavirus a casa

Lo advierto: este no es el Lavapiés de Isabel Díaz Ayuso, que lo quería llevar (sin pies ni cabeza) a la fase 1, para abrir todas las tiendas, como si nada, sin conformarse con la del barberillo. Este lavapiés es otro, y netamente gaditano. Una de las máximas inquietudes de la ciudadanía de Cádiz es cómo van a quedar las playas en verano. Esto afecta a todos: a los empresarios y trabajadores de hoteles y chiringuitos, pero también a los parados y paradas, a los jubilados y jubiladas, a la gente que abarrota las playas, en general. Pues bien, resulta que una de las medidas que está contemplando el Mando Único de Pedro y Pablo es suprimir los lavapiés y las duchas, que consideran contagiosos. También quieren parcelar las playas, como se hacía antiguamente, cuando las criaturas construían sus propios chalesitos por un día, para la gran noche de las barbacoas.

¿Esos tíos y tías son de Cádiz? Respuesta: No, y se les nota. En Cádiz y sus playas deben dejar a los gaditanos y las gaditanas que se autogobiernen, pues si con las bombas que tiran los fanfarrones se hacían ellas tirabuzones, no se debería permitir que Salva Illa, un ministro de Sanidad catalán que ha estudiado Filosofía, diga a los gaditanos y las gaditanas (con una sabiduría trimilenaria por detrás) lo que deben hacer en las playas. Que se lo cuente a los que van a la Barceloneta, muy querida por las medusas.

Parcelar las playas en Cádiz, para que cada uno tenga su cachito de arena, sería propio de carajotes. ¿Y qué pasaría con las mareas de Santiago? ¿Y no saben que la pleamar y la bajamar influyen en el espacio disponible en las playas? Sería peor que los jaleos por las entradas del Carnaval. Algunos acamparían desde la noche antes, para disfrutar el domingo en la mejor parcelita.

Sin embargo, lo peor es que quieren suprimir las duchas y los lavapiés. Las duchas importan menos. Les suelen poner unos cartelitos para que la gente no se asee en la playa Victoria con su gel y su champú. Sin embargo, el lavapiés gaditano no es como el Lavapiés madrileño, un barrio castizo y zarzuelero, que evolucionó a multiétnico.

El lavapiés gaditano tiene sus rituales: esa maría que se deja los pies escamondaos sin un grano de arena, ese gachó que se dedica a lavar la silla mientras las chanclas se le quedan enfangadas. Esas quejas de la cola, contra los que se recrean en la suerte del lavatorio, sin pensar en los demás. Todo eso no se puede perder. Sin olvidar que sirven para lavarse los pies y para no llevarse el coronavirus de la arena a casa. Habrá que buscar un truco, aunque sea con cubos de agua.

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