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L´affaire Adriana

A Adriana Lastra podrán echársele en cara muchas cosas, pero la independencia de criterio no es una

Lo del PSOE con Bildu ha sido un bombazo, empezando por las vidas de tantos socialistas asesinados por ETA, pasando por el pacto de Pedro Sánchez con Inés Arrimadas guardándose esa información tóxica en la manga como un tahúr, y acabando con el puñetazo en la mesa de Nadia Calviño, que ha tirado el tenderete. El presidente está atrapado entre los votos de Podemos y los vetos de Calviño. Como Nadia dimita, Europa dinamita todos los puentes financieros que el Gobierno necesita como el comer, literalmente, porque serán para eso.

Todo es esperpéntico, pero como soy un sentimental, me fijo en Lastra. Quieren cargarle el mochuelo de que firmó con Bildu (¡con Bildu!) la derogación de la legislación laboral (¡laboral!) y decidió ocultarlo (¡ocultarlo!) a todos por su cuenta (¡y riesgo!) como si fuese una sorpresa de cumpleaños a Irene Montero en su Ministerio. Esa autonomía de vuelo en Adriana Lastra (¡Adriana! ¡Lastra!) no se la creen ni los encuestados de Tezanos. Para salvar que Sánchez lo supiese todo y se lo escondiese a Arrimadas y a Calviño y a su conciencia, suponemos, le echan el muerto (¡los muertos!) a Adriana.

A mí me ha recordado al Génesis. Cuando Adán y Eva fueron pillados con las manos en la manzana, Adán dijo enseguida que había sido culpa de Eva. Según Jordan B. Peterson, ése y no el mordisco fue el verdadero pecado original. Yo no sería tan heterodoxo, aunque estoy seguro de que si Adán hubiera asumido, con más gallardía, toda la culpa, Dios habría admirado el gesto y hubiese perdonado lo de la fruta. Es curioso, además, que la primera consecuencia del primer pecado fuera una falta de caballerosidad.

Digno hijo de Adán, Sánchez se porta como un patán: «La mujer que pusieron en mi grupo pactó con Bildu …» No se lo cree nadie, por supuesto, pero hace ya mucho que esto no va de credibilidad, sino de un agónico ir tapando boquetes de pedazos que se van cayendo a cada vez más velocidad. La metáfora del Gobierno Frankenstein está saliendo de un gráfico que mete miedo.

Lo enmarañado es la tensión entre el Coletas y sus acólitos y Calviño y sus extensiones. Pero de eso pueden ustedes leer por extenso a gente con informaciones económicas de primera mano. Yo apenas quiero mandar un saludo a la pequeña Adriana, señalada culpable, dejada a los pies de los caballos para salvar los muebles del notable de La Moncloa. ¡Y luego dicen que la política está bien pagada!

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