EL enteraólogo Kevin Bastudao acaba de publicar su libro "No te olvides la caballa cuando vayas a la playa", donde analiza las barbacoas nocturnas en Cádiz.

"Sorprenderá, pero se trata de una tradición trimilenaria -afirma- Ya el propio Napoleón no pudo desembarcar aquí. Sus tropas encontraron la arena abarrotadita de gaditas y forastas. Ni moverse pudieron".

"El batallón de Engollipaos de Valdepeñas, el regimiento de Croqueteros de Pavía, el de Bolillones de Campaña… Una lista infinita de mártires, todos a una (una algo floja, eso sí) -matiza el autor- que cerraron filas al grito patrio: "¡De válvula y sin currá!".

"Mirusté -agrega Bastudao-, esto rebate esa falacia de la prensa de que esta tradición la inventó el Ayuntamiento del 2000 para inscribirnos en el Guinness con la mayor barbacoa del mundo, porque en Cádiz no hubo suficientes carajotes para salir en pijama en un programa del Milikito; una afrenta que debía ser vengada".

El estudioso no escatima datos para ensalzar la magnitud del evento: "sesenta y dos toneladas de basuras por año, 200 muebles viejos incautados, miles de litros de pipises, kilos enteros de poposes y vomitonas multidisciplinares por arrobas. Todo un espectáculo de luz, sonido y aroma. El mayor aduar en Europa".

"El barbacoista o barbacoero, como también se le llama, es de natural generoso -asegura Kevin-. Al irse lo deja todo. Incluso extiende las bondades de la fiesta por todas las calles de Extramuros, que huelen grandemente a meado durante días".

"¡No se lo pierdan! ¡Faltan sólo tres días! ¡Ya está aquí la noche de las barbacoas! ¡El asesinato en masa de una playa! ¡Cádiz, la mar de guarra!", se aleja pregonando Bastudao, para arengar a los indecisos.

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