La Justicia es lenta en la instrucción, en mover cada papel. Es algo tan interiorizado que ya no nos llevamos las manos a la cabeza cuando alguien tiene que esperar diez años hasta ser juzgado o para recibir una compensación por algo. Sin embargo, se ha establecido un plan perverso en el que todo se da por hecho que se va a retrasar. Pongamos un ejemplo. Un juicio que tenía que empezar en la Audiencia Provincial a las nueve y media, no recibe al acusado hasta cerca de las once de la maña tras su traslado desde la prisión. Si ya se sabe la hora de la vista, ¿no se puede establecer un sistema para que ese día haya un régimen especial para que se llegue puntual? Durante una hora y media espera el tribunal, los abogados y los testigos, sin contar que algunos de estos actores también llegan tarde porque saben que casi nunca se va a empezar a la hora establecida. El sistema se alimenta y se devora a sí mismo.

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