La AZOTEA de

Tamara García / Tgarcia@ Diariodecadiz.com

Julio

Quema el solar de este mirador. El calor se abre paso en la ciudad, más antiguo que el Mal (será por eso que el infierno arde en llamas), dejando vacías las calles en los terribles mediodías. Julio llega con todas sus enfermedades contagiosas al hombro: los síndromes del termómetro y del calendario. Quien no vive obsesionado por los grados que marca el mercurio, se las pasa contemplando el vaivén de números que lo enfrentan desde el tablón de su centro de trabajo. La cuenta atrás para las vacaciones es un conjuro que chupa la energía, que, en vez de ilusionarnos, nos cae como una losa terrible que nos impide avanzar en el día a día. Maldito hechizo el de julio. Tan viejo como las brujas, como los demonios que ya habitaban en lo oscuro antes del hombre, antes de cualquier dios... Julio y su calor tentador, besándonos la boca, bañándonos en sudor, atándonos a la lujuria del sueño. Yo, pecadora, quiero redimirme en la mar.

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