Notas al margen

Juanma no dijo cuándo lo haría

El boato que se dispensa a cualquier otra capital es inversamente proporcional al ninguneo con esta provincia

Está claro que algo hacemos muy mal en esta provincia para que desde el Palacio de San Telmo nos observen con la típica mirada perdida del sargo de supermercado, sobre todo, una vez expira el verano con sus mojitos y sus puestas de sol. El boato que se dispensa al mandatario de cualquier capital que recibe la Presidencia de Andalucía es inversamente proporcional al ninguneo con Cádiz. Ni Teófila antes, ni ahora Kichi, gozaron de tanta fortuna, y lo peor es que ya ni se nos altera el pulso. Cuantas más inversiones anuncia el Gobierno andaluz en Málaga, Granada o Sevilla, más grandes son las moscas que sobrevuelan los proyectos de la Bahía y mayor es la brecha que nos aleja del pelotón. El agravio es tan antiguo que el gaditano ya ni siente ni padece cuando Juanma ofrece su expreso compromiso lo mismo con ocho nuevos trenes para el metro de Granada que con el tercer hospital de Málaga que con el hospital militar de Sevilla. Mientras que en Cádiz la Junta sestea con la permuta de suelo con la Zona Franca para ver si un buen día, allá por 2030, se anima a cumplir lo prometido, el presidente andaluz ya ha confirmado -con grandes cifras y letras de molde- una inversión en su tierra de 375 millones para un hospital de 15 plantas, con 810 habitaciones, 42 quirófanos, 198 consultas, 66 boxes de UCI, dos mil plazas de aparcamiento y toda clase de medios que harán de él la referencia en especialidades complejas.

Algunos recordarán ahora que Juanma prometió en campaña a los gaditanos que él sí haría el hospital de Cádiz para sacarle los colores a la Administración socialista, pero lo cierto es que nunca dijo cuándo y fue por nuestro bien. Si aquí de repente se inauguran un tranvía, un hospital,e l CFA y la Ciudad de la Justicia nos da un infarto. Sería tan letal como empachar a un náufrago tras rescatarlo después de varios días a la deriva, en lugar de ir sorbo a sorbo. Precipitarse con Cádiz sería terrible y por respeto a la tradición ya han pasado casi tres años desde el triunfo del PP en Andalucía sin que en esta provincia lo hayamos notado. Tampoco Cádiz sabe bien lo que quiere, con lo que todo ha cambiado para que siga todo en su lugar.

Lo que más escuece ya no es lo poco que se acuerdan de Cádiz, con lo bien que siempre se ha portado. Lo que tiene delito es que no la defiendan ni cuando le roban la cartera. El ejemplo más sangrante lo vivimos cuando Airbus sentenció la planta de Puerto Real y la Junta, en lugar de plantar cara, vino a darnos el pésame. A la vez que Pedro Sánchez dejaba a su suerte a la factoría puertorrealeña y dopaba a la de Getafe con otros 400 millones, el equipo de Juanma Moreno se dedicaba a hablar con las farolas. Decir que Cádiz muy pronto volará gracias a su talento y su potencial está genial. Es como tratar de contentar a los sevillanos sólo diciéndoles que tienen un color especial. La diferencia es que allí los piropos se acompañan de presupuesto. Cádiz, como siempre, como si fuera de piedra, que espere, que no se atragante. Por su salud.

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