Con la venia

Fernando Santiago

fdosantiago@prensacadiz.org

Juancarlista

Lo de menos es que parase el 23-F, lo importante es la cantidad de cosas que era capaz de hacer a la vez

Soy juancarlista, lo confieso. El Emérito es un hombre digno de admiración. Lo de menos es que parase el golpe del 23F y ayudase a traer la democracia, lo importante es la cantidad de cosas que era capaz de hacer de manera simultánea. Sin desatender sus deberes institucionales podía esquiar, patronear yates, cazar elefantes, mantener las apariencias con su santa, atender sus negocios particulares, soportar un yerno crápula(tuvo otro un poco border) y tener más o menos contentas a un harén de novias a un tiempo. Un monstruo, un portento de la naturaleza. Nos enteramos ahora de la cantidad de cosas que podía hacer a la vez, como un malabarista chino que baila cien platos al mismo tiempo. Supongo que cuando iba de una novia a otra no se confundía de nombre ni en los momentos de éxtasis gritaba lo que no era. Digno de admiración. Un ídolo. Por si esto fuera poco soy juancarlista hasta las trancas de Juan Carlos Aragón. Muero con él. Siempre con su gorra para ocultar la loncha pero capaz de inventarse una agrupación original que esté en el límite y por eso mismo guste al personal. Un tipo original, siempre a contracorriente, que si la mayoría piensa una cosa él les dice la contraria y consigue que le aplaudan, que se pelea cada dos por tres con su agrupación y aún así está en primera línea de fuego sea con Uruguay nomá o con el Rondó Veneciano. No importa que no se le entiendan la mayoría de las letras. Digo más: cuando cantaba en italiano le entendía más que cuando canta en español. Casi nunca acierto a comprender lo que quiere decir pero atisbo en él el destello original y único del genio que se esfuerza incluso por ser incomprendido y por llamarnos la atención con sus excentricidades. Ahora se ha sacado de la manga (recuerden: no usa chistera, usa gorra) un revuelo de primer orden a cuenta de una pintada, llamada graffiti por los modernos. Lo más divertido es que a alguien de su comparsa se le ocurriera la idea administrativa de pedir permiso para hacerla y que el Ayuntamiento le concediese la autorización. Es algo único. Banski, a quien citaba Tamara, no creo que pida permiso ni para ir al cuarto de baño pero Juan Carlos es un trasgresor comedido, un revolucionario dentro de un orden, un maldito ma non troppo, un irreverente morigerado. Nadie puede alcanzar su nivel de excelencia a la hora de remar a contracorriente. Qué tiempos aquellos de Radio Futura "y si te vuelvo a ver pintar un corazón de tiza en la pared, te voy a dar una paliza por haber escrito mi nombre dentro".

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios