Como una chirigota de las buenas, con pellizco en el final del popurrí, con golpes en los cuplés, bien afinaíto, trabajao, como los pasodobles del Noli, mandando como hace el Sherif con sus agrupaciones, marcando el ritmo con el tatashan, como hace Manolito Santander… así lo hizo Sabina, de primer premio, como si el cantante hubiera nacido a la hora del cuarto y octavo de churros en la calle Lubé.

Sabina se divirtió en San Antonio, como un pirata en busca del tesoro, como una caballa rodeá de piriñaca bailando en la calle de La Palma en una noche de caló de agosto. Al tío de las canciones más "rasgás" se le vió sonreír como a un ruso cuando prueba las empanadas de La Catedral.

El cantante rompió con las predicciones de todos los derrotistas que estaban locos porque diera la espantá o porque lo hiciera mal para convertirlo inmediatamente en otro argumento para la reconquista, pero no fue así. Joaquín Sabina, el gamberro más entrañable de los escenarios españoles, demostró que se lo "había trabajao", que se había estudiado Cádiz, que se lo sabía de pe a pa, que se había rodeado de gente que sabe donde está la piedra cuadrá y que esto se lo había tomado en serio.

San Antonio registró un lleno de los grandes, un lleno que hizo pequeño el sonido, pero que le dio emoción al evento, porque estos llenos tan sólo se producen en las grandes ocasiones, cuando se huele la gran noche. Sabina se colocó el viernes al nivel de los pregones míticos de Cádiz, de aquel de Antonio Burgos y Carlos Cano, otros dos enamorados de la ciudad o el espectáculo que montó Alejandro Sanz pintando de colores todas las fachadas de la plaza San Antonio.

Sabina olió a Cádiz, como si se hubiera "raspao" con piedra ostionera antes de la actuación. Se metió en adobo y gustó a todos, a los que buscaban un espectáculo musical y a los que siempre buscan que la apertura oficial de la fiesta huela a Caleta y a cangrejo moro. El espectáculo duró dos horas pero se hizo más corto que un topolino de Los Italianos.

Después del espectáculo toca conjugar el verbo que menos usamos en Andalucía, el de felicitar y hay que felicitar al equipo de gobierno del Ayuntamiento de Cádiz y en especial al alcalde, José María González, por el acierto en la elección, por haber logrado el sueño del pregón, que suene a Cádiz y que "venda" Cádiz, un objetivo que se ha logrado en muy pocas ocasiones.

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