Con la venia

Fernando Santiago

fdosantiago@prensacadiz.org

Jaime

Me alegro que no se le olvide aunque, si he de ser sincero, me parece un poco exagerado que se le ponga una placa en su casa

El abuelo de los Pérez-Llorca, Leonardo Rodrigo Lavín, fue un médico montañés y masón que llegó a Cádiz que con el tiempo llegaría a decano del Colegio de Médicos y de la Facultad de Medicina. El padre vino a la ciudad desde Alicante. El empeño de sus padres hizo que los tres hermanos, Leonardo, Jaime y José Pedro, estudiaran en el Colegio Alemán de Cádiz y luego aprendieran otros idiomas lo que llevó a Leonardo y a José Pedro a estudiar en la Escuela Diplomática y a Jaime, con el tiempo, a la Asamblea del Atlántico Norte. Se daba el caso de que el mayor de los tres, Leonardo, no quiso unir los apellidos por lo que era el único que se llamaba Pérez Rodrigo, lo que sirvió al gobernador civil de la provincia, José María Sanz Pastor ("un gobernador comprometido el que según la prensa, ese que nos ha correspondido sin saber por qué" cantaron Los Dedócratas) a recurrir al chascarrillo "estos hermanos que se llaman cada uno de manera diferente" cuando se las tenía tiesas dentro de UCD con el ministro José Pedro y cara al público con el senador Jaime, del PSOE, a cuenta del relleno de la Punta de San Felipe. Jaime fue un destacado cargo público socialista que a lo largo de su vida dio muestras de cosmopolitismo e inteligencia, poco hábil en la vida interna de su organización. Defendió importantes causas vinculadas a la ecología, como el llamado "fiordo ecológico de Doñana" donde proponía la unión de Sanlúcar y Matalascañas mediante un hovercrat. Los que le tratamos le echamos mucho de menos, las visitas a su casa de la Alameda, esa habitación donde guardaba todo lo que se llevaba de los hoteles del mundo (debió dejar vacío el Watergate Hotel de Washington), sus imponentes perros, su maravillosa biblioteca, la azotea unas veces llenas de plantas y otras de pájaros. Me alegra que no se le olvide aunque, si he de ser sincero, me parece un poco exagerado que se le ponga una placa en la casa donde vivió porque de igual manera, en el futuro, habría que ponerlas en los domicilios de otros senadores (José Blas, Rafael Román) e incluso de diputados (Jerónimo Andreu, Alfonso Perales). José Pedro merece esa placa porque fue el político más importante que dio la ciudad desde Segismundo Moret, ministro en dos ocasiones y ponente de la Constitución. Creo que se hace una reducción al absurdo al poner una placa en la misma casa, en esta ocasión dedicada a Jaime, por mucho cariño que se le tuviera, afecto que comparto por completo. Visité esa casa en muchas ocasiones, primero para ver a Jaime, luego para charlar con José Pedro. Pero como aquí no hay sentido común se le ponen calles a cualquiera si lo piden unos colegas y placas para satisfacer a unos amigos. Sin criterio ni sentido común.

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