El pinsapar

Ir a la guerra

Putin me da miedo, lo confieso. Si gana, porque va de farol, se aumentará el abismo

Yo sólo me apuntaría a la guerra si Estados Unidos declara la guerra a Cádiz. Alguien lo dijo, alguien de Cádiz con mucho 'ange', puede ser que fuera Reguera. Pero entonces la guerra era demasiado lejana, no había llegado a casa. Ahora también puede que sea lejana y gélida. El escenario es un lugar cubierto de nieve al este de casi todo. Ucrania. El mensaje que nos llega es que Rusia se la quiere comer, pretende una anexión. Siempre fue su granero particular, tierra santa de sus zares. Y un lugar de rusas blancas, muy hermosas. Rusas que no eran formalmente rusas, eran ucranianas. La antigua URSS era un friso con añadidos, con un centro de control férreo en Moscú. Y comunista. El relato de aquellos años es aterrador. Millones de muertos… por hambre. Todo por el entendimiento de que a través del hambre se logra la esclavitud, la sumisión. Que se logra, es evidente. El hambre y la muerte. Todo esto figura en el imaginario de los ucranianos de hoy. Que están contemplando la llegada de cientos de miles de soldados rusos a sus fronteras. Y toneladas de material bélico. O sea, tanques, cañones, obuses y máquinas de guerra. Se trata de unas maniobras militares en suelo ruso pero parece demasiado evidente que hay en juego mucho más que unos ejercicios militares sobre la nieve.

Y España se vuelve a dividir, porque está llamada a participar. Entre los No a la Guerra y los indiferentes, aparentemente independientes. Es que, ¿quiénes son partidarios de la guerra, por favor? Si, además, no nos han declarado la guerra a Cádiz. Pandemia, Ucrania, elecciones en Castilla y León, encuestas y más encuestas. España de nuevo, esto nuestro de cada día. Demasiado serio, demasiado severo. Lo que ocurre. Digo lo soportable y digerible. Es que todavía no ha pasado por el esófago de la nación lo de Garzón cuando vuelve Pablo Iglesias y el conjunto de nuestras mortificaciones. Digo que Puigdemont prepara un nuevo asalto y ya leíamos ayer a Manuel Amaya Zulueta en estas páginas.

Putin me da miedo, lo confieso. El antiguo oficial del KGB lleva demasiado tiempo al mando de los destinos de Rusia. Si gana, porque va de farol, se aumentará el abismo. Si no va de farol y nos lleva a una/otra guerra, lo lejano se hará cercano, el horror llegará de nuevo a nuestras vidas. Y sus consecuencias. En forma de ruina de las economías, más pobreza y ataúdes. Qué le importa al autócrata. Hable la providencia porque la diplomacia así no sale bien nunca, la tentación es irrefrenable. Y la gente no quiere guerra, no la quiere.

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