Nos invaden. Cádiz es tierra de invasión, un caramelo para los invasores que, desde que los comerciantes fenicios apostaron por este rincón, ha estado en el punto de mira de pueblos y razas con distintos objetivos y dispares suertes. Invasiones que dejaron un legado de calado, como la de los romanos, y otras que vinieron a llevarse cualquier atisbo de riqueza, como los ataques navales que dejaron esquilmada la ciudad y que supusieron el justificado arranque de una transformación urbanística encabezada por las murallas, las que hoy se caen a trozos ante la desidia de quienes deben velar por el patrimonio histórico. Otras invasiones se quedaron en asedio, como la de aquellos franceses que se limitaron a ver la ciudad desde el Trocadero. Y ahora, las algas, esta exótica especie invasora con la que dan ganas de hacer lo mismo que con las bombas de los fanfarrones: unos buenos tirabuzones.

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