HAY buenas noticias que en realidad son malas. No, no estoy jugando al despiste, digo que a veces nos felicitamos por situaciones finalmente dichosas que esconden una ominosa carga de vergüenza. Hace unos días se celebraba en estas páginas que la asociación Anydes reabriera su casa de acogida, pero la verdad es que llevaban meses al borde de la desesperación por asfixia económica, culpa de la gestión torticera de quienes siguen pensando en estas partidas más como en limosna de beneficencia que como en justos fondos redistributivos.

La gente de Anydes lleva más de dos décadas trabajando para que ese montón de personas casi sin esperanzas, que están ahí, aunque no veamos, puedan llenar sus días de la dignidad que merecemos todos. Manoli Bautista, Joaquín Laínez y un puñado de valientes practican en serio eso tan difícil que es la coherencia y que consiste, básicamente, en vivir según se piensa.

No hay que ser un entendido para saber que el verdadero trabajo social en esta ciudad lo hacen colectivos como Anydes, Sol y Vida, Cáritas, Andad, asociaciones de vecinos, cofradías… Aunque lo que se despilfarre con nuestros impuestos vaya destinado a mantener un ejército de mercenarios de la necesidad que se extiende desde la Administración Central a la Local y que incluye a políticos de todo pelaje, cargos de confianza, jefes de área, psicólogos, trabajadores sociales, educadores, pseudoeducadores, administrativos, auxiliares administrativos, y paro porque se me acaba la columna. Qué cara es la burocracia de la miseria y por qué poco se puede encargar el trabajo sucio a quienes, encima, tienen que vivir con las carnes abiertas a la espera de la munificencia de alguna política engreída o algún funcionario botarate. A todo esto, la concejala del ramo social protagonizó hace un par de años una cruzada por la ubicación del Centro de Emergencia. La derecha blandiendo la bandera de la igualdad, nada menos. Ahí sigue el controvertido Centro: muerto de pena. Me pregunto que habrá sido de aquella gloriosa bandera, si se habrá extraviado o quizá vendido para disminuir el rampante déficit municipal. Con lo bien que vendrá cualquier cosa que cubra cuando regrese el frío y ese montón de personas que están ahí, aunque ignoremos, no tengan para taparse más que la intemperie y el calor grande de la gente de Anydes.

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