Estamos tan acostumbrados a lo irracional que terminamos considerándolo normal. Hace ya muchísimo tiempo, a un munícipe avispado le dio por poner una tasa al hecho de aparcar el vehículo en una vía pública. Hubo protestas, pero la justicia apoyó al munícipe que discriminaba a unas zonas de la ciudad sobre otras, a unos conductores sobre otros (el residente tenía ventajas, el transportista tenía ventajas, el motorista tenía ventajas...) Lo vendieron bien, hay que reconocerlo: fomento del transporte público, disuasión del uso del vehículo privado, menos contaminación... Pero en realidad el afán era sólo recaudatorio, y los munícipes avispados, en la intimidad, rezaban porque a la gente no le diera por no usar su coche y dejar de meter monedas en las maquinitas. Ahora, al obligar a consignar la matrícula, también quieren acabar con esa solidaridad que suponía dejar el ticket con tiempo no consumido a un siguiente conductor.

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