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Indultos a bulto

El hecho de que no lo diga ni a palos nos lleva a la opción de que sí los indultaría, si lo necesita para pactar

Ayer hablábamos de la maravilla que es ver a los políticos en campaña, retratándose. Era un artículo generalista. Hoy lo podemos concretar más. Citaba, entre las ventajas de los debates y las campañas electorales, el hecho de que Pedro Sánchez no se decida a decirnos que no va a indultar a los presuntos golpistas.

Reconozcamos que Sánchez no puede decir que sí los indultaría, porque supondría una intromisión inaceptable no sólo en la independencia del poder judicial, sino una vulneración indirecta del derecho a la presunción de inocencia. Sin embargo, decir que no los indultaría o, mejor dicho, que respetará en todo caso lo que dictamine el Tribunal Supremo porque cree en la independencia y en la profesionalidad judicial sería no sólo posible, sino impecablemente democrático. El hecho de que no lo diga ni a palos lo lleva, por los caminos implícitos de lo tácito, a la primera opción. Esto es, a la inaceptable, a la de que sí los indultaría, si lo necesita para pactar.

Si esto es así, y tan gordo, ¿por qué lo celebro? Pues por lo mismo que cuando te diagnostican una grave enfermedad. Parece una mala noticia, pero la mala noticia es tenerla, el diagnóstico es la primera buena noticia, que ha de conducir a la curación. Aclarada la relación ambigua de Sánchez con los indultos, el votante que lo vote ya asume que se hace solidario de esa eventual medida.

En segundo lugar, cimenta el posible pacto (si dan los números) de los partidos constitucionalistas. Como me temo que les costará bastante ponerse de acuerdo en las medidas concretas de un gobierno de coalición, podrían ir preparando ya un documento paralelo con las medidas que su acuerdo impedirá tomar al PSOE y a sus socios, empezando por el indulto. Eso ayudará mucho a desatascar el pacto y a venderlo a sus votantes.

Por último, esta posibilidad de indulto refuerza aquí y ahora la independencia del tribunal que juzga a los golpistas. Es un efecto reacción. "Si la política va a terminar metiendo sus manos en nuestro trabajo", deben de estar pensando magistrados y fiscales, "que sea un proceso impecable, riguroso, estricto e indiscutible". No quiero decir que lo hiciesen de otro modo en otro supuesto, pero, por las hondas galerías del subconsciente y la naturaleza humana, saberse a un tris de ser sacrificado por el Ejecutivo en aras de sus intereses políticos, hará que los jueces sean aún más cartesianos, si cabe.

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