De las paguitas y los sordos de Astilleros vinieron estos lodos. La alarma por el sistema de las pensiones, con un mayor volumen de población mayor y no activa está haciendo que haya un celo enorme a la hora de conceder incapacidades laborales y, por supuesto, la de revocar otras muchas. Hasta ahí puede haber un cierto punto de lógica y hay que mirar caso por caso para ver hasta donde se puede llegar. El problema es cuando todo obedece a números, a la reducción de tantos por cientos por encima de lo personal. Es muy desagradable entrar en una unidad de valoración y percibir que eres un sospechoso de fraude, que te miran como el que estás intentando engañar a la Seguridad Social y que con sólo la mirada ya intuye que estás mejor y que puedes volver al trabajo sin saber el calvario que ha habido detrás y el que queda por venir. Hay que ser humanos hasta para dar malas noticias.

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