Con la venia

Fernando Santiago

fdosantiago@prensacadiz.org

Inasectable

Francisco González Cabaña, no trabajes tanto por la provincia de Cádiz, que no hace falta

Debía ser el otoño de 1981. Yo estaba en el pasillo donde se ubicaban los despachos de los diputados provinciales en el Palacio a la espera de ver a Rafael Garófano. De su despacho salió un hombre mayor dando voces que volvió al poco con unas tijeras de considerables dimensiones. Del despacho de Garófano salieron gritos, entré y el hombre tenía a Rafael cogido por el cuello mientras intentaba clavarle las tijeras en el cuello.

Llegué hasta él y pude tirarle al suelo sin que nadie sufriese, con la ayuda de un joven rubio que estaba también en el pasillo a la espera de ver a José Luis Blanco. Ese joven de hace 38 años era el hoy ofuscado Paco Cabaña. Desde entonces ha pasado de un cargo a otro en un efecto liana, tanto en su partido como en las instituciones. Ahora cuando sus compañeros han decidido que ya ha terminado su vida parasitaria, en lugar de decir lo del Santo Job "el Señor me lo dio, el Señor me lo quitó, alabado sea el nombre del Señor" se ha puesto a despotricar contra todos aquellos que le han apoyado a lo largo de estos años en contra de la evidencia de que era un pésimo gestor y un parlamentario perezoso e insignificante. Igual ha sido un buen alcalde para su pueblo, puede ser, no tengo elementos de juicio. En la Diputación estuvo 16 años entre vicepresidente y presidente sin más noticias que situar a los amigos y promover el campo de entrenamiento para su equipo en El Rosal.

Por el Congreso y el Senado ha pasado sin pena ni gloria, quizás en el bar Manolo es donde más le van a echar de menos. En el PSOE defendió con el Colectivo Janda la apertura del partido a la sociedad hasta que alcanzó el poder orgánico y entonces se dedicó al dolce fare niente. Debe ser muy simpático y ocurrente, sobre todo a partir de las tres de la tarde, no digo que no. Jamás he estado con él en una sobremesa así que poco puedo decir al respecto. Me limito a observar su trayectoria y a comprobar lo que siempre sospeché, que no es una persona de fiar como han podido comprobar Griñán, Román, Pizarro , Aído y, en su momento, Alfonso Perales. Ha luchado con denuedo para volver a ser senador a pesar de los graves problemas físicos que, según dice, le impiden dar clase. No se sabe si va a cobrar la pensión que le correspondería como docente(aunque nunca ha dado clase) o la del Senado. En realidad, como cantaban Los que ponen la primera piedra: Francisco González Cabaña, no trabajes tanto por la provincia de Cádiz, que no hace falta. ¿Qué diría La Margari?

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