Crónica personal

Pilar Cernuda

Huelga política

ES un disparate. La huelga del Metro de Madrid ha sido -continúa siendo- un disparate. Ilegal porque no ha respetado los servicios mínimos, una huelga con un tufo político absolutamente inadmisible, y encima respaldada por dirigentes sindicales que no han mostrado ningún respeto por aquellos a los que están obligados a respetar: los trabajadores. Su desfachatez ha llegado al colmo cuando un portavoz sindical, molesto por las preguntas sobre las consecuencias de la huelga total, respondió que había autobuses y taxis. Se nota que ese portavoz, liberado sindical y por tanto sin la angustia de quedarse sin empleo, viaja poco en metro. El porcentaje de personas que difícilmente podrían pagarse un taxi es abrumador.

La huelga es un disparate porque no se puede dejar en tierra a dos millones de personas. Es salvaje e ilegal porque durante dos días no se han respetado los servicios mínimos, y es una huelga absolutamente injusta porque es política se mire por donde se mire. Argumentan los convocantes, los sindicatos, que el gobierno de la comunidad de Madrid no ha respetado su convenio colectivo, vigente hasta el 2012. Que vayan con el cuento a Zapatero, porque ha sido él quien tomó la iniciativa de aprobar un decreto ley en el que los convenios colectivos importaban un bledo; que se lo digan si no a los funcionarios, que también tenían un acuerdo en el que se recogía su subida anual de salarios y sin embargo han visto cómo el Gobierno decidía rebajarlos. O que vayan con el cuento a los pensionistas, a los que el decreto ley ha congelado las pensiones sin que el Gobierno haya reunido previamente el Pacto de Toledo, a lo que estaba obligado.

Que los responsables sindicales del metro madrileño se hayan cebado con Esperanza Aguirre se debe a que es miembro del PP, a pocos con dos dedos de frente les cabe la menor duda. Pues anda que no han tenido motivos sobrados para expresar al Gobierno su disconformidad con la política económica nefanda que ha provocado millones de parados… No lo han hecho, sino que por el contrario se han dedicado a bailarle el agua a Zapatero, que por otra parte es quien les financia y subvenciona convenientemente. Y ante el decreto ley han anunciado una huelga general, sí. Pero no hay más que escuchar a Méndez y Pozo para comprobar que van a dedicar la ley del mínimo esfuerzo a preparar una huelga general que además han fijado en fecha suficientemente alejada en el calendario como para que se bajen los humos de quienes consideran una locura el polémico decreto ley.

Los sindicalistas españoles son unos privilegiados. Les tienen sin cuidado los afiliados porque no dependen de ellos económicamente, su máxima preocupación es preservar las subvenciones oficiales y los privilegios de los liberados.

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