Homenaje laico

Queriendo o no, el homenaje tiende a intensificar los contrastes y las diferencias, pero no lo logrará

Conste que creo que, en un país no confesional, es lógico que haya una ceremonia no religiosa para honrar a todas las víctimas; pero hay que saber qué terreno se pisa. Los actos laicos tienen un hándicap en los países de honda tradición católica. Por muy buena intención que se ponga, pueden resultar poco solemnes por el contraste que late en el subconsciente colectivo. ¿Cómo va a ser lo mismo un rito sacro, con una liturgia en la que perviven los siglos y cimentado sobre la fe en que la muerte no es el final?

Por eso, cuando tal vez no hay tan buena intención o no se cuidan tanto los detalles, los resultados resultan decepcionantes. Por ejemplo, haberse negado a participar en una ceremonia religiosa anterior ha creado una rivalidad que no merecen las víctimas, para las que todos los homenajes son pocos. Además, poner la ceremonia laica de Estado un 16 de julio, festividad de Nuestra Señora del Carmen, intensifica un poco más el contraste. Y más si tenemos en cuenta que la Virgen del Carmen no sólo es la patrona del mar: también es una gran intercesora por los difuntos, precisamente, como proclama la honda devoción a su escapulario.

El contraste quedará más marcado por el lugar donde se celebrará el acto: "enfrente" de la catedral de la Almudena, pero fuera. Para colmo, el Gobierno ha pedido evitar los signos externos de luto y ha alterado el protocolo de las invitaciones.

Que no haya una excelente intención no quiere decir que yo acuse a nadie de tenerla malvada. Es obvio que manca finezza y que al Gobierno se le mezcla la agenda ideológica con la agenda institucional. En su agenda ideológica, además, impera la fe de los progresistas en el nominalismo. Confían en que, si no se reconocen los errores, no existen y, si se arrastran los pies en la contabilidad de las víctimas, la responsabilidad se diluye. Qué torpe comprensión del duelo cuando se piensa que mostrarlo aumenta el dolor, en vez de consolarlo.

En vista de lo cual, algunos se han descolgado, como Felipe González o Vox. Pero, junto a los que no conciben otra forma de honrar a las víctimas, irán muchos que conciben mejores maneras, pero que, en honor de las víctimas, se constriñen a los nuevos criterios. Ese silencioso y sereno saber estar (pienso más que nada en el rey y en las familias de las víctimas) será lo más solemne del homenaje y, por lo que conlleva de tácito sacrificio, también lo más sagrado.

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