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Hogar, dulce hogar

Otras cosas son posibles, pero aburrirse en una casa con tu familia me parece muy complicado

Es un momento familiar inédito: cuando escuchas que tu mujer riñe a tus hijos por defectos tuyos. Entonces ¿al fin me ha dado por imposible, oh? ¿O no y está intentando una vía indirecta (por eso esa voz ligeramente alta) o un ataque por la espalda (a través de la mala conciencia de la carga genética)? Um, mejor andar con pies de plomo. Por si acaso, no levanto la vista del libro.

Es posible, me ilusiono en silencio, que sea una apuesta definitiva de mi mujer por nurture frente a nature, o sea, que esté convencida de que con la buena crianza se puede cambiar lo que las inocentes criaturas han heredado de la naturaleza de su mudo padre. Padre que ha recordado, de golpe, que tiene que escribir un artículo, éste mismo. Me he venido de puntillas, pero súper serio y profesional, al despacho.

Espero que mis hijos tengan la nobleza de no empezar a decir que lo hacen porque papá lo hace o, incluso peor, como papá lo hace: ese desorden sistémico y casi sistemático, por ejemplo, o esa afición a comer entre horas, o esas camas deshechas… Sería un golpe bajo. Que aguanten en silencio a pie firme y con una sonrisa apologética, como papá lo haría. Más que nada para que me den tiempo a terminar de escribir.

Aunque no me fío, tampoco descarto la dulce caricia conyugal de que mi mujer me considere un caso sin remedio. Esos desdoblamientos se ven: a mí, que ya voy siendo viejo y me casé con una santa, me lo perdona, pero a ellos, que les queda toda la vida por delante y que se casarán con alguien que seguro que tendrá mucha menos paciencia y dulzura, más vale ir enderezándoles de pequeñitos, que es cuando se puede.

El confinamiento nos está sirviendo para estas actividades esenciales de afinar en la educación y, al mismo tiempo, de hacer la vista gorda. Ambas cosas, combinadas con destreza y mano izquierda, son bonitas o, en su caso, curiosas. No termino de imaginarme a los que dicen que se aburren en su casa o que les sobra tiempo para ver más series. ¡Pero si esto es un no parar de suspenses y acción trepidante, además de las hermosas irisaciones sentimentales que un día a día convertido en minuto a minuto nos ofrece! Estoy a punto de poner el punto final al artículo justo cuando se acercan a mi puerta unos pasos diminutos como puntos suspensivos y dan… tres golpecitos y susurran, no sé si delicada o cínicamente: "Papá, dice mamá que te acerques un mo-men-ti-to". Ah, sí, voy.

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