El mismo banco todos los veranos. Zona del Museo mirando al centro. Mi madre y mi madrina. A la fresquita. Horas de charla por delante. Un templete en medio. La bombonera, que le llamábamos. Una hippie se asoma desnuda de cintura para arriba. Alboroto entre la chiquillería. Un partido de farola a farola con una pequeña pelota de plástico comprada a Dolores, la del puesto. Técnica depurada para colar la bola en los imposibles huecos con las zapatillas Tórtolas. Pedrito Manuel y compañía disputan su particular Mundial. Un guardajardines con escasa paciencia intenta impedir que se pise lo verde. Un contra gigante ramificado a calles adyacentes. Elástico y comba. Un coche leré y un caballo que se asusta con los pelotazos. Un flá congelao. Un chicle Cheiw. Tardes de verano de los 80. Plaza de Mina. Sin consolas ni móviles. Y tan felices.

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