En tránsito

Hidalgos

España sigue siendo un país de hidalgos que desprecian el trabajo manual y las actividades humillantes como la hostelería

Estos días hemos visto a los empleados de un hotel de Mallorca aplaudiendo a los primeros clientes que llegaban al hotel después de los tres meses de confinamiento y de cierre de fronteras. La reacción ante esta escena ha sido unánime. "¡Qué vergüenza, parecía una película de Berlanga!", decían unos. "Qué humillación, qué imagen de servilismo", decían otros. Y sí, es verdad, la imagen tiene un punto servil -y más si los jefes han obligado a sus empleados a aplaudir a los turistas-, pero quizá las cosas no sean tan sencillas. ¿Y si los empleados aplaudían a los turistas porque al fin podían trabajar y no tenían que mendigar un ERTE? ¿Y si los empleados estaban orgullosos de hacer su trabajo, por precario que fuese? ¿Y si los empleados, en definitiva, defendían un negocio que les daba de comer?

Una de las cosas más inauditas de nuestro país es que la gente que debería estar muy bien informada -profesores de universidad, intelectuales, artistas, cómicos- no tienen ni la menor idea de cómo se financian los servicios públicos. El turismo representa un 12'3% del PIB nacional y da trabajo a más de dos millones y medio de personas. Si tenemos una Sanidad y una Educación públicas de primer nivel, ello se debe a que el turismo genera unos ingresos que después se convierten en impuestos y en puestos de trabajo. Por supuesto que esto significa suciedad, vulgaridad y ruidos. Pues claro que sí. Pero una cosa tan sencilla como ésta -que debería ser entendida hasta por un niño de seis años- le resulta incomprensible al profesor universitario que instruye a sus alumnos -cinco en total- en los peligros del consumo indiscriminado y en las ventajas del decrecimiento económico. En el fondo, España sigue siendo un país de hidalgos que desprecian el trabajo manual y que miran por encima del hombro todas las actividades que les parecen humillantes: la hostelería, la construcción, el comercio… Y aquí lo único aceptable es encontrar una plaza de funcionario que se dedique a la agotadora tarea de empujar papeles con la nariz.

Si no se reactiva la economía, si no abren las tiendas y los hoteles y los bares, España va a enfrentarse a una crisis de dimensiones desconocidas. Y entonces tendremos que mendigar el rescate de la UE, cosa que haremos -como buenos hidalgos que somos- fingiendo despreciar ese dinero que nos hace tantísima falta.

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