Héroe y villano

Motivación, asertividad, resiliencia, positividad y todos los avíos de la autoayuda no hay quien los niegue a Sánchez

Que no me ciegue la rivalidad ideológica. Pedro Sánchez ha rematado un ciclo épico. Ganó unas primarias, le defenestraron, ganó, contra todos, otras primarias, que tendrían que haberse llamado secundarias, y ahora ha ganado una moción de censura por primera vez en la historia de la democracia española con unos números exiguos. Motivación, asertividad, resiliencia, positividad y todos los avíos de cualquier libro de autoayuda no hay quien se los niegue.

Ha coronado un ciclo épico. Ahora arranca otro ciclo, quizá trágico, porque lo que marca la diferencia es que el héroe ha de pasar irremediablemente por traidor. Lo interesante de los próximos meses será ver a quién traiciona. Nunca los 100 días de cortesía a un Gobierno van a tener tanto que cortar. Sánchez tiene dos opciones: o traicionar a los suyos o a sus aliados.

El PSOE ha sido un partido con clara vocación de gobierno, uno de los puntales del sistema y un adalid de la solidaridad entre españoles. Puede haber tenido más o menos desfallecimientos y su historial de servicios lleva sus borrones, pero esa médula central de compromiso con el Estado no la ha perdido del todo ni con Zapatero. Resultaría contra natura que el PSOE liderase ahora la demolición del Estado, de la nación española (único partido que la ostenta en su nombre) y del ámbito de solidaridad de todos los ciudadanos. Dejaría, además, el campo libre de la socialdemocracia a Ciudadanos, que ya ha comenzado a ocuparlo (fíjense) con sus continuas citas a, de, con Felipe González.

Pero esa naturaleza del PSOE choca frontalmente con los partidos que han apoyado a Sánchez, entre los que se incluye Bildu, heredero de los que asesinaron a socialistas. Además, están partidos claramente a la derecha del PP (PDeCAT y PNV) y otros independentistas (ERC) y otros antisistema como Podemos & cía.

No hace falta ser politólogo para concluir que Pedro Sánchez no podrá agradar ni convencer a todos al menos a medio plazo. Tendrá que escoger. Por ahora, haciendo un gobierno de sólo leales, se mantiene -sabiamente- en la ambigüedad. Cuánto más tarde en decantarse, mejor para él, y más suspense para nosotros, aunque la espera vaya a resultar pesadísima de retóricas progresistas huecas y de postureos polémicos para marear la perdiz. (La perdiz seremos nosotros).

Cuando llegue, más pronto que tarde, al meollo de la cuestión, veremos para quién es héroe, para quién traidor.

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