No se crean que estamos llorando por los rincones. Tampoco crean que nos gusta jugar a los pasitos o nos disfrazamos con la túnica de la hermandad y hacemos el fantoche por la calle como han salido algunos vídeos por ahí. Loscofrades hemos sido los primeros que asumimos con total responsabilidad que la situación que se venía encima era excepcional y que, como tal, este año nos quedaba por delante una Semana Santa sin desfiles procesionales. Todo el trabajo que se había hecho hasta ahora quedaba interrumpido por el coronavirus. Pero más allá de lamernos las heridas, que lo hemos hecho, y pensar que el mundo se había acabado, los hermanos en las cofradías han estado más juntos que nunca a pesar de no poder verse, más cerca de sus imágenes que cuando las tienen delante y han remado con los más vulnerables. Tenemos una imagen estereotipada, a veces ganada a pulso, pero dista mucho de la realidad.

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