LÍNEA DE FONDO

Pedro Manuel / Espinosa / Pespinosa@diariodecadiz.com

Hamilton ya ocupa su trono

El inglés mereció el Mundial 2007 pero se lo regaló a Raikkonen, el campeón más apático de la historia

LEWIS Hamilton es el nuevo monarca de la Fórmula 1, el más joven de la historia por cierto. Su irrupción en el circo de Bernie Ecclestone coincidió con el adiós de Michael Schumacher, al que jubiló, quizá antes de lo previsto, Fernando Alonso. Ganarle dos mundiales al Ferrari de Schumacher con un Renault basta para entrar en los anales de la historia de este deporte, como también lo es que en sus dos primeras temporadas un piloto jovencísimo sea capaz de hacerse con el subcampeonato y el título. Alonso se inició en Minardi y Hamilton en McLaren, puede que ésa sea la diferencia, pero esa circunstancia, y el hecho de no ser español, no debe cegarnos a la hora de enjuiciar a un piloto excepcional.

Hamilton y Alonso son los mejores del momento, por eso los aficionados a la Fórmula 1, los de toda la vida y los advenedizos, se frotan las manos pensando en el duelo que protagonizarán en 2010, uno a bordo de un McLaren y otro, muy probablemente, con un Ferrari que llevará en su alerón trasero la publicidad del Santander. Emilio Botín tiene decidida la inversión de su banco en la escudería italiana y la condición innegociable es que el español lleve uno de los dos volantes.

Antes de todo eso quedan imágenes para el recuerdo, como el final de la carrera de Brasil, posiblemente el desenlace más emocionante de un Mundial de Fórmula 1 de la historia; la sorprendente imagen de dos escuderías festejando el título a la vez; y la inexplicable antipatía de medio mundo por un chaval de 23 años que tiene cara de no haber roto un plato en su vida y cuyo mayor pecado es tener a su lado en el box a su padre, el mismo que le inculcó el amor por la velocidad y que seguramente se endeudaría para poder llevarlo cada semana a competir en campeonatos de cars.

Hamilton es el nuevo campeón, un campeón merecido, no como el apático Raikkonen. Alonso ha encontrado un enemigo a la horma de su zapato.

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