El Alambique

jose Mª / morillo

Hambre inútil

EN su libro la 'Geografía del Hambre', Josué Castro afirma que las consecuencias del hambre aguda sobre determinadas poblaciones provocan apatía, indiferencia y falta de ambición. Tal comportamiento está considerado por los que no entienden de esto como negligencia o un a modo de melancolía, cuando por lo visto, su principal causa es un hambre crónica, ya que la deficiencia en ciertas vitaminas comienza por embotar el apetito y cuando el individuo no sufre hambre física ha perdido su mayor estímulo: la necesidad de comer. Y es harto difícil luchar contra esos prejuicios.

En El Puerto parece que somos unos desmallados -esmallaos que dirían por el Callejón Espelete- porque el desinterés, la incuria y la desgana por nuestras cosas es una constante a lo largo de la historia de, al menos, el último siglo y medio, como se pone de manifiesto apenas nos pongamos a ojear literatura del XIX y periódicos del siglo XX, relativos a nuestra Ciudad.

Somos especialistas en dejar caer lo que queda de nuestras casas palacios y parece que tenemos un master en derrumbes. En derrumbar la iniciativa de cualquier ciudadano, asociación, grupo político o del ayuntamiento que se haga en nuestro término municipal. Parece que estamos apostados detrás de una trinchera a disparar a todo lo que se menea. Ahora, con las redes sociales nos hemos especializado en derrumbar con desahogo -y hasta perdiendo las más elementales norma de urbanidad, injustificadas a pesar del hartazgo generalizado-cualquier cosa que no nos guste, sepamos o no lo que ocurre detrás de cualesquiera decisión o iniciativa, ya sea particular o pública. También se ha puesto de moda recrearnos en lo mal que está todo, poniendo en evidencia, a modo de catálogo, todos los males que nos asolan, los defectos que no nos adornan y las gloriosas y épicas meteduras de pata de nuestros próceres ya sean del pasado reciente o del presente más rabioso. Incluso nos gustamos pregonar a todos los vientos que soplan, nuestras debilidades y cuanto nos amenaza en el entorno, reforzando así la evidencia del delicado estado de salud de nuestra economía y facilitando a los competidores su tarea frente a nosotros.

El exquisito escrúpulo con el que la Policía Local vigila el derecho al descanso de unos, con el derecho al ocio de otros y el no menos derecho a hacer caja de los locales nocturnos de hostelería, han acuñado una desafortunada frase: "El Puerto está muerto". Para proponer cambios a la ley, y tomar medidas ante la Junta de Andalucía que regula los horarios de cierre, tengo noticias de que se convocó días pasados a establecimientos afectados por esa ley --que no se aplica igual en los municipios limítrofes-- y que tan solo acudió un empresario a la reunión. Y llegué a pensar si no es ese hambre colmatada nuestra, esa ausencia de vitamina, la que nos produce la apatía, indiferencia y falta de ambición, esa que nos convierte a algunos en unos seres malogrados para con nosotros mismos.

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