Ni Halloween, ni Tosantos

"¡Hay que salvar la Navidad!", están diciendo para justificar las medidas. Mientras por el camino se cargan todo

Por culpa del coronavirus maldito se han cargado el puente de Todos los Santos y sus fiestas anexas. Parece obra del demonio (al que repelen siempre los santos), pero la culpa es de la cogobernanza del bien y el mal, que en última instancia sí podría ser un invento del Maligno. Porque se han juntado el hambre con las ganas de comer los huesos de santo y los buñuelos, incluso los panellets (que suenan a chuches del Frankenstein catalán), y así les han salido unas medidas estupendas para encerrar a la gente. El coronavirus va a su manera, como Frank Sinatra, y llega hasta la cocina de los bares y restaurantes, que cerrarán antes. El coronavirus va a su manera, sin control, porque los rastreadores son los últimos en enterarse, como la chirigota del Yuyu. España no es como China, donde encerraban a los contagiados, pero los encerraban de verdad, no para que salieran de paseo por el perímetro de los confinados.

Así hemos llegado a las vísperas de Halloween. En los colegios han organizado algunas fiestecitas, guardando las distancias, con mascarillas, y con unos límites de no sé cuantas brujitas. Pero las verdaderas noches de Halloween se celebraban en la madrugada del 1 de noviembre, cuando el terror daba paso a grandes misterios, borracheras a granel, y otros vicios que no detallo. Sin embargo, ahora el toque de queda se establece a las 23 horas. Así las noches de Halloween no serán lo que fueron, sino que se parecerán a unas fiestas de pijamas, con un máximo de seis. Nada que ver con las costumbres de otros años.

¿Y los Tosantos? También se los han cargado en Cádiz. Puestos a cargarse las fiestas, no han dejado ni una. Kichi ahorra, Kichi es frugal. Los puestos del Mercado Central y Virgen del Rosario siguen abiertos, pero este año sólo se han adornado algunos, en plan espontáneo, sin el gracejo de costumbre. Este concurso era como unos juanillos sin quemarlos, en los que utilizaban los productos alimenticios de las pescaderías, las carnicerías, las fruterías y demás para la libre inspiración de los artistas. Antes se metían mucho con Teófila, y últimamente bastante menos con Kichi.

A este paso no quedará ninguna fiesta. Las medidas están diseñadas para frenar la movilidad. Para que no vengan madrileños. Para que no vengan sevillanos… En verano vinieron, para mitigar las penas de la hostelería, y ya vamos por el toque de queda en la hoja de ruta hacia otro encierro. "¡Hay que salvar la Navidad!", están diciendo para justificar las medidas. Mientras por el camino se cargan todo. En realidad, se debería decir: "¡Sálvese el que pueda!". Pues de eso se trata.

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