Yo te digo mi verdad

Hágase la luz

Es difícil vislumbrar el objeto de que cada año haya más días de iluminación extraordinaria en las ciudades

¿habrán consultado los ayuntamientos las perspectivas del precio de la luz, y habrán sabido antes que nosotros que bajarán considerablemente? Es la única explicación que se me ocurre para que, a pesar de las escandalosas tarifas eléctricas, todos los ayuntamientos de la España que paga con dolor el recibo mensual se hayan lanzado a la carrera de incrementar el número de bombillas en el alumbrado especial navideño, como si cada una de ellas fuera un gramo más de felicidad, y de los días de encendido como si el famoso espíritu de la Navidad necesitara claridad artificial y hubiera que rodear de un mes y medio de gasto en lámparas la jornada histórica en que nació un Niño destinado a revolucionar el Mundo.

Mientras todos protestamos por el abuso, y tratamos de programar horarios y franjas en los que el lavaplatos, la lavadora y hasta las lámparas del cuarto de baño ajusten su funcionamiento al minuto más barato, nuestras autoridades municipales se lanzan a gastar energía sin medida aunque, eso sí, con mucha alegría. Yo creo que saben algo y no nos lo quieren decir…

Es más, ahora ya programan actividades especiales para el día y el momento en que se encienda el festival de luminarias, con personajes populares para darle al interruptor, y se convoca a la gente dándole rango de festivo acontecimiento a que un dedo famoso apriete un botón. Qué hubiera dado el reputado como creador de todas las cosas por contar con un público y con una expectación tan numerosos para aquella primera y divina orden de "hágase la luz". No hace tanto, cuando éramos un país pobre, y por lo tanto bienaventurado según las enseñanzas de aquel que conmemoramos, el alumbrado navideño duraba apenas dos o tres semanas. Ahora, se producen incluso movimientos de protesta en las oposiciones municipales si la explosión de luz se enciende en fechas tan 'tardías' como el puente de la Inmaculada.

Aun con tanta luz, es difícil vislumbrar el objeto de que cada año haya más días de iluminación extraordinaria ni el empeño de los ayuntamientos en ello. Que así se anima a la gente a comprar, afirman, como si eso fuese un proyecto sociopolítico muy elevado. El consumo masivo elevado a la categoría del 'Libertad, Igualdad, Fraternidad'. Tal vez piensan que esos tres nobles objetivos ya se han conseguido y ahora, una vez alcanzados, sólo cabe entregarse a la irrefrenable alegría de tirar del bolsillo.

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