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Hablemos de Dios

A menudo el alcalde de Cádiz se coloca en el foco de la noticia aunque no quiera opinando de todo lo divino y lo humano

El alcalde de Cádiz alcanzó tal popularidad con sus apariciones diarias en los medios opinando de todo lo divino y lo humano, a caballo entre el buenismo y el populismo, con su particular brillo y cierta frescura, que se coloca en el foco de la noticia aun cuando no quiere. Lo comprobó cuando los curas de Cádiz le pidieron más respeto tras retuitear un mensaje de Teresa Rodríguez, que muchos gaditanos consideraron ofensivo. La líder andaluza de Podemos se acordó de Dios para mostrar su apoyo al actor Willy Toledo, y José María González compartió sus palabras en las redes sociales. La iglesia le llamó a capítulo desde el cariño y los cofrades clamaron al cielo. Y aunque el alcalde pidió disculpas, la polémica, que también salpica a los curas por no atajar con la misma fe los abusos a menores y otros problemas de mayor calado, estaba servida.

El regidor gaditano también se vio en el ojo del huracán cuando le preguntaron por las corbetas de Arabia. Ya dijo en su día que la paz del mundo no puede descansar sobre la espalda de nuestra industria naval, pero en lugar de responder en esta ocasión que 'hoy no toca' o emplazar a los periodistas a que le preguntaran a la ministra Margarita Robles, que fue quien organizó todo el pifostio, González entró al trapo apostando por otro modelo productivo para Navantia y hablando del conflicto entre los derechos humanos y el derecho a llenar la nevera. Para los trabajadores, que durante la crisis de las corbetas esperaban un cierre de filas sin ambages a su favor, fue un jarro de agua fría. Y en atención a ello, el propio alcalde exigió al día siguiente, con su innegable arte para empatizar según sople el viento, que se amarraran los barcos al precio que fuera, lo que no le impidió situarse a la contra de su partido, que no quiere tratos con Arabia. Para el alcalde esto es casi lo mejor, ya que cuanto más choca con Podemos mejor parece que le va. Es obvio que no eligió el mejor momento para reflexionar sobre el futuro de Navantia, pero no le faltó razón al plantear que hay que abordarlo en el Congreso cuanto antes.

Muy poca gente sabe que los astilleros fabrican barcos de guerra desde hace siglos y que la industria militar genera mucho retorno. El problema reside en que está mal visto por la sociedad invertir en Defensa. Lo ideal para muchos sería apostar por la construcción civil -petroleros, gaseros, subestaciones eléctricas...- pero parece tarde, puesto que los países asiáticos nos llevan décadas de ventaja. Con ello, si se decide seguir como hasta ahora, habría que hacerlo mejor, fijando unas reglas claras y, a partir de éstas, exhibiendo su potencial. Lo que no tiene sentido es acudir a todas las ferias sin convicción, con un mínimo respaldo del Ejecutivo, como si le provocara urticaria. Los astilleros europeos se promocionan con sus comitivas presididas por los presidentes de sus respectivos gobiernos. En cambio, nuestra diplomacia, como si le avergonzara, rara vez acompaña en el exterior. Lo extraño no es que Navantia presentara en 2017 los peores resultados de su historia, lo increíble es que flote. Es de esto de lo que toca debatir, pero los políticos, en mitad de la crisis con Arabia, se dedican a hablar de sus tesis o de cualquier cosa, hasta de Dios, antes que de lo que nos ocupa.

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