Su propio afán

Hablar del tiempo

También da gusto escribir del tiempo. Qué diciembre más hermoso y azul estamos teniendo, por cierto

Quizá les suene Jaume Vives. Es un joven catalán que ha saltado a la fama por algunas epatantes performances contra el procés. Es mucho más aún: un Tintín hispánico de carne y hueso que ha realizado conmovedores reportajes (que fueron, además, grandes aventuras) sobre los cristianos perseguidos en Irak o sobre la vida de los pobres en las grandes ciudades. En el último número de la revista Misión le hacen una gran entrevista. (Por cierto, suscribirse a esa revista, rellenando un sencillo formulario en internet, es gratuito… e impagable, por si ustedes gustan.)

Jaume Vives advierte allí que estamos dando demasiada importancia a la política. Yo me he dado por aludido, porque la gran mayoría de estos artículos son políticos y porque creo que el joven catalán tiene más razón, si cabe, que un santo, o la misma. Mucho más importante es, en realidad, cualquier acto de bondad cotidiana, un destello inesperado de belleza o, para los creyentes, una oración. ¿Quiere decir eso que a partir de ahora voy a escribir himnos y cantos y nada de ERC ni de Pedro ni de Pablo? Qué va.

Porque igual que cada cosa tiene su tiempo (dice el Qohélet), también tiene su espacio. Y el periódico es el foro público de la edad contemporánea. En la prensa se habla de política del mismo modo que en los ascensores se habla de la salud de la familia del vecino. O los ingleses, habida cuenta de su inestabilidad atmosférica, hablan tanto del tiempo. Cada cosa tiene su tiempo, y el tiempo también.

Con la que está cayendo en España y en los periódicos, hay que hablar mucho de política. ¿Quiere decir esto que no me tomo en serio la sabia observación de Jaume Vives? Qué va. Simplemente que tenemos que saber que la vida no se agota en lo que decimos en los medios, cumpliendo con nuestro papel. Hablamos de política porque es lo de todos y últimamente da un poquito de miedo. Pero sabiendo todos que hay cosas, en efecto, más trascendentes: los amigos, la familia, el trabajo callado de cada cual, la oración del que rece, la paz de todos…

Los que escribimos de política no podemos darnos demasiados aires. Nos los rebajan a brisas (risas) saber que nuestros lectores, precisamente, ya saben de sobra que más importante es lo otro. Que nos lo recuerde Jaume Vives también da gusto, y poder escribir, entre un análisis y otro, artículos que hablen del tiempo. Qué diciembre más hermoso y azul estamos teniendo, por cierto.

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