Crónica Levantisca

J. M. Marqués Perales

jmmarques@diariodecadiz.com

Griten más alto

El humor y el pitorreo han inundado los programas sobre política, manda y distorsiona la industria televisiva

Este país necesita unas vacaciones electorales. En el caso andaluz, esta campaña sietemesina arrancó en noviembre y no finalizará hasta mediados de junio, cuando se constituyan los ayuntamientos y se resuelva la formación del Gobierno de la nación. No es que canse, es que enferma. Esta acumulación de urnas, propuestas, candidatos, sondeos e improperios está detrás de la epidemia de estrés que padecen analistas, periodistas, comentadores y humoristas. Lo que transmite la televisión es que España se acerca al horizonte de sucesos de un agujero negro de donde no será posible regresar. La necesaria serenidad ha desparecido de la política, y quienes la interpretan o hiperventilan o espumean.

El Congreso ha inaugurado la legislatura con una sesión bronca. Normal. Hay cuatro diputados que están encarcelados y siendo juzgados en el Supremo, y un nuevo grupo parlamentario, el de Vox, que no se explica sin la rebelión catalana que lideraron estos electos. Normal en estas circunstancias, digo. ¿Han visto las sesiones del Parlamento británico sobre el Brexit? La nuestra no ha sido más bronca ni más caótica ni más absurda. Pero, nada, hay que seguir polemizando, retrasmitiendo, recordando dos días después.

La espectacularización del Congreso se inició con CQC. Sí, con aquel programa innovador que nos hacía gracia y que ha terminado por ser imitado en otras cadenas de televisión. El humor y el pitorreo han inundado los programas televisivos sobre política, de tal modo que la demanda de caricatos ha sido, voluntariamente, asumida por los partidos para no enfadar al productor de turno .

A esta banalización se le ha añadido la extensa duración de los programas de política, constituidos en maratones, lo que obliga a inventar polémicas sobre un guiño, el color de un zapato o el logo de una camiseta. Anteayer escuché "la primera entrevista concedida" por Begoña Villacís después del parto de su tercer hijo; después, vino la segunda y la tercera. Y la cuarta. Y la quinta. Y la Sexta, ¡ah!, la Sexta, paradigma de la banalización, el chillido y la gracia.

La concatenación de campañas y la absorción de la política por parte de la industria del entretenimiento animan este escenario apocalíptico al que nos enfrentamos todos los días, a esta visión distorsionada y empequeñecida de la realidad española, que ni es tan grave ni tan peculiar. Que llegue julio.

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