tribuna libre

Teófila Martínez / Alcaldesa De Cadiz

Gracias por tanto

IMAGINAR en mayo de 1995, cuando accedí por primera vez a la Alcaldía de Cádiz, que gozaría de la confianza mayoritaria de los gaditanos durante 20 años no era siquiera para mí planteable. Hoy, cuando vuelvo la vista atrás, lo primero que aparece en mi mente son los cientos, miles de caras de gaditanos y gaditanas que durante todos estos años me han mirado de frente con sus ojos llenos de eso, de confianza.

En todos estos años he aprendido muchas cosas. La mayor parte de ellas positivas. Pero la más importante de todas ha sido saber distinguir en los ojos de todos esos gaditanos cuándo necesitaban una palabra de ánimo, cuándo necesitaban de su alcaldesa un gesto para decir: "sí, lo vamos a lograr. Ahora no hay quien nos pare…". Saber a ciencia cierta cuándo necesitaban que alguien se pusiera al frente y diera un paso adelante, un estímulo para avanzar, para sacar a la ciudad del amodorramiento al que algunos querían acostumbrarla. En esos ojos he visto la desesperanza de los primeros años, la ilusión de los que muy pronto se dieron cuenta que el único secreto para mejorar esta ciudad era arrimar el hombro: trabajar sin descanso para creer que lo imposible sí era posible.

Los sesudos análisis que se realizan tras unas elecciones se me quedan cortos cuando pienso en toda esa confianza que los gaditanos depositaron el pasado 22 de mayo en las urnas. En Cádiz, en las pasadas elecciones, han jugado factores más importantes que las tendencias nacionales o autonómicas de voto. En Cádiz han jugado factores que tienen que ver mucho más con la ilusión, con la esperanza y la autoestima que con cualquier otro factor macroeconómico o socio-político.

Los gaditanos han podido comprobar en los últimos 16 años cómo esta ciudad ha sacado cabeza y se ha puesto al frente de una provincia mil veces maltratada desde lejanos despachos. Los gaditanos vieron con sus ojos cómo pasábamos de ser portada nacional por índices de paro y conflictividad a ser referente nacional en calidad de vida, pujanza y dinamismo. Y han visto que eso que hemos conseguido entre todos ni vino regalado ni cayó nunca del cielo porque nos lo hemos sacado de las entrañas. A eso se ha acostumbrado el gaditano, a saber que se es lo que se lucha, lo que se pelea, y sobre todo a que todo eso que hemos conseguido no se puede poner ahora en juego.

Creo que quien fue a votar de manera tan amplia nuestra candidatura valoró el progreso de la ciudad, las mejoras en limpieza, seguridad, comercio, turismo y -sobre todo- la manera de trabajar de un equipo que se pelea y peleará por cada euro que le corresponda a Cádiz, por cada escuela taller o taller de empleo, por cada Puente y por cada AVE que en justicia le corresponde a esta ciudad. De esa manera también castigaron a los que, instalados durante lustros en el despropósito de su propio interés y ambición, no fueron nunca capaces de anteponer a Cádiz a todo lo demás.

Con ese respaldo que Cádiz me concede de manera tan generosa afronto otros cuatro años con la cabeza y el corazón centrados en cada uno de los gaditanos y gaditanas que lo están pasando mal por la crisis en la que nos tiene sumido el gobierno socialista de Zapatero. Ya he dicho que no vamos a dejar solo a ningún gaditano que lo necesite, que sacaremos dinero de donde lo haya y de donde no lo haya para mantener los programas sociales que nos sirven para ayudar a los que más lo necesitan a seguir esperanzados en el futuro. No me deja de sorprender quien desde un cargo público de responsabilidad o aspirando democráticamente a ostentarlo no se estremece cuando lee en un titular que alcanzamos los cinco millones de parados. Es como si pensaran que esos números no tienen detrás un nombre y dos apellidos, como si pensaran que sus hipotecas van a ser perdonadas en cuanto entren por la puerta del banco o que en la caja del supermercado le van a dejar pasar enseñando la cartilla del paro. Quizás es, simplemente, que no le miran a los ojos. Que no se los encuentran en San Juan de Dios o por las calles de Cádiz.

Por eso precisamente lo que tampoco vamos a descuidar ni un momento es la inversión en equipamientos e infraestructuras que en los últimos años han permitido que Cádiz siguiera siendo una ciudad integradora, más habitable, más amable para los gaditanos y para los que nos visitan, con más oportunidades para jóvenes y menos jóvenes…, y sobre todo vamos a seguir demostrando que a trabajo no hay quien nos gane.

Quien piense en Cádiz o fuera de ella que el camino que queda es fácil se engaña o se quiere dejar engañar. No he sido una alcaldesa conformista en estos 16 años y ahora lo seré aún menos. En el camino se abre la esperanza de encontrar en administraciones cercanas la mano amiga que durante años solo sirvió para cerrarnos puertas: proyectos como Valcárcel, el Museo del Carnaval, y quizás en próximos meses otros muchos que dependen de las administraciones autonómicas y central, pueden verse ahora acelerados precisamente por este motivo.

Serán cuatro años apasionantes en los que Cádiz, como desde hace ya muchos años, pondrá todo su potencial para seguir avanzando en calidad de vida, en oportunidades para sus hijos e hijas, avanzando en la lucha del día a día pero siempre mirando a un futuro mejor para todos. Y todo eso lo vamos a poder hacer porque nos hemos unido en un proyecto común, en un modelo de ciudad que sigue contando con el respaldo de una amplísima mayoría de gaditanos. Esos gaditanos que me llenaron los ojos de cariño, de apoyo y sobre todo de confianza. Gracias por todo, gracias por tanto.

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