en la terraza

Tamara García

Goteras y Chavela

Si la vida fuera una casa de mi barrio, el pasado se correspondería con las manchas de humedad que un buen día descubres en un trozo aislado de techo, en un rincón alto de la pared. Una humedad que, como te descuides, se filtra en tu casa de tal manera que una tarde, esas tranquilas tardes en las que una opta por quedarse en casa leyendo, bregando con el sueño, haciendo arrugas a la sábana que nos protege del sky del sofá, te coge desprevenida una gota de agua que cae en tu cabeza. El pasado es una humedad de una casa de mi barrio que, si la ignoras, se convierte en gotera.

En estas ando, haciendo filosofía casera, teoremas de andar por casa, para protegerme de lo que temo... Todo un cubo vacío donde caen mis goteras...

El pasado se filtra en el presente. Estoy convencida de ello. Encuentra huecos, subterfugios, excava túneles, si es necesario, para recordarnos lo que fuimos, lo que quisimos olvidar. Sí, decididamente, el pasado es una humedad, una gotera, si decides olvidarlo.

Escuchen esto, ayer murió Chavela Vargas. Supongo que ya estarán enterados. Bueno, pues me ocurrió que en todo el lío inicial que supone en un periódico una muerte de tanto calado como la de la artista (cambio de páginas, de planes, movidas de coordinación...) una humedad comenzó a calar en una pared de mi cabeza.

Poco a poco comenzó a filtrarse un sonido, una voz, luego, una imagen. Sigo a lo mío, hay mucho por hacer aún en el trabajo. Ignoro la humedad (ya la pintaré, ya lo arreglaré) y, pasadas unas horas, ¡ahí está la gotera!

Una gota de agua limpia todo lo que estaba emborronado en mi cabeza. Se lamenta La llorona en la voz rota de Chavela Vargas, la voz emocionante que me provoca un escalofrío como aquel día de hace más años de los que quisiera... Entonces la voz de Chavela dominaba la habitación hasta que el timbrazo del teléfono me sacó del ensismismamiento propio de la época de exámenes... Todo lo que vino después de la llamada es imposible de olvidar pero ese momento, ese justo momento en el que mientras que La llorona se quejaba yo tomaba una decisión que marcaría equivocadamente el rumbo de una vida, quedó enterrado, quizás, por la culpabilidad. Ayer sonaba La llorona en la tele, en la radio y el pasado se filtraba, amigo. Es una gotera.

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