¡Oh, Fabio!

Luis / Sánchez-Moliní

Gobiernos y desgobiernos

HACE ya mucho tiempo, alguien que lo conocía bien nos habló de Álvaro Nadal, el nuevo ministro de Energía nombrado ayer por un Mariano Rajoy que ha vuelto a demostrar que es enemigo de sorpresas, pero no de sustos. El informante, un brillante economista y empresario que había estudiado con Nadal en Icade -la elitista universidad jesuita-, nos lo describió como una de las personas más inteligentes y mejor formadas que había conocido en su vida, con un gusto casi friki por la Economía, fervoroso en sus ideas liberales (lo demostró en alguna tertulia televisiva y el PP no lo volvió a enviar), algo raro y poco dado al mundo social. Después lo vimos poco a poco crecer como asesor en distintos ministerios durante el Aznarato y, finalmente, llegar a Jefe de la Oficina Económica de la Moncloa con Rajoy, el hombre que le ha dado el impulso definitivo hasta sentarlo en el banco azul. Nadal es relativamente joven (nació en 1970), pero en absoluto responde a ese perfil negociador que algunos anunciaban en los nuevos ministros, más por su extravagancia de empollón que por ser persona cerril o fanatizada. Su elección para el cargo sin duda tiene que ver con la decisión de Rajoy de formar un Gobierno altamente cualificado en materia económica, una de las principales asignaturas (¿cuando no lo es?) a las que se tendrá que enfrentar. Guindos, Montoro, Nadal... Demasiados gallos económicos para un solo corral. No tardarán en saltar las chispas.

En las antípodas del carácter poco empático de Nadal encontramos al nuevo ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido, bien conocido en el Sur tanto como frustrado y frustrante presidente del PP-A como por ser el alcalde de Sevilla que derrochó en cuatro años una de las mayorías municipales más holgadas de la historia. Aunque sonaba en las quinielas desde hacía tiempo, anoche nadie terminaba de entender la decisión de Rajoy. No dudamos de las virtudes sociales del magistrado Zoido, pero esperábamos otro perfil para la cartera que, entre otros asuntos, tiene que gestionar el entierro definitivo de ETA, la lucha contra el yihadismo, la inmigración ilegal, etcétera. Eso sí, no será difícil mejorar la pésima gestión de su antecesor.

El resto del Gobierno, más de lo mismo. Soraya seguirá mandando y se encargará de Cataluña; a Cospedal se la encapsula en un ministerio muy profesionalizado y fácil, Defensa; y nuevas caras como Dolors Montserrat, Dastis y Serna convivirán con perros viejos como Catalá, Méndez de Vigo, Báñez o García Tejerina. Suerte y al toro.

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