¡Oh, Fabio!

Luis Sánchez-Moliní

lmolini@grupojoly.com

Gobernar para los vivos

Algunos le achacan la paternidad de la idea a Iván Redondo, el misterioso valido de la Moncloa que fascina en la corte por sus dotes de taumaturgo político (lo han llamado con acierto "ateo ideológico"). Sin embargo, la maniobra que ha colocado al Valle de los Caídos en las primeras planas de los periódicos y telediarios lleva el inconfundible zarpazo de Pedro Sánchez, un rey del oportunismo que no necesita a ningún secretario vizcaíno para tales asuntos. Lo más llamativo y triste es que el nuevo jefe del Ejecutivo presenta como una incitativa para "la reconciliación entre todos los españoles" lo que es todo lo contrario, un uso partidario y cortoplacista de nuestro más doloroso drama nacional: la Guerra Civil y la posterior represión. El cinismo, incluso en política, tiene límites. Sánchez quiere sacar los restos de Franco del templo-fortaleza de la Sierra de Guadarrama sin antes haber intentado acabar con el paro, la precariedad laboral o la infrafinanciación autonómica. Ya sabemos cuáles son sus preferencias y prioridades: azuzar el guerracivilismo y vaciar las tumbas. Habría que recordarle la magistral sentencia de Jefferson: "el mundo pertenece a los vivos". No es Pedro Sánchez el único en pasear a nuestros fantasmas históricos buscando réditos electorales o respetabilidad en la izquierda. Aquí mismo, en Andalucía, vimos recientemente cómo se celebraba en los colegios el Día de la Memoria Histórica y Democrática (sic) por orden y gracia de nuestra Susana Díaz, de lo que se deduce que no sólo los catalanes se dedican al adoctrinamiento de los párvulos en las aulas. Desconocemos si en dichas jornadas pedagógicas se explica, junto a los muchos y crueles crímenes del bando nacional, espinosas cuestiones como el bombardeo en 1938 contra la población civil de Cabra, un objetivo sin ningún interés militar que se saldó con 109 muertos. Podríamos hablar también de las sacas de los gloriosos milicianos o de los asesinatos de pequeños propietarios agrícolas por parte de los anarquistas. La técnica del ventilador también funciona en el pasado. La memoria histórica (ese fake de nuestra posverdad nacional) es, y seguirá siendo durante mucho tiempo, un lodazal del que ningún español saldrá limpio. Sánchez haría bien en gobernar para los vivos, dejar que la verdad aflore gracias al debate historiográfico y no a la trifulca política. Se suele decir que para afrontar con serenidad una Guerra Civil deben pasar, al menos, cien años. Nos quedan veinte.

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