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Crónica Personal

Giscard, un mal amigo

No le gustó que Mitterrand pusiera al alcance de González los medios para ayudar a España a desarticular ETA

Puso todas las chinitas que pudo en el camino de integración de España en la Comunidad Económica Europea y se negó a cualquier tipo de colaboración en la lucha de España contra ETA. A Giscard D'Estaing, ex presidente de Francia que acaba de fallecer por coronavirus a los 94 años, no le gustó que Mitterrand le ganara las elecciones y le sucediera en el Elíseo, y tampoco le gustó que Mitterrand, tras varias reuniones con Felipe González, pusiera los medios a su alcance para ayudar a España a desarticular la banda terrorista.

Giscard era un hombre distante, prepotente, pagado de sí mismo. Se le tenía por un conservador con ideas progresistas, que legalizó el aborto y el divorcio. Su imagen quedó empañada por una oscura historia de corrupción que le llenaba de ira cuando alguien se la recordaba: su relación con Bokassa, el emperador centroafricano que fue muy dadivoso con él y le colmó de regalos, entre ellos costosísimos diamantes.

De su relación con España destacan las tensiones con Adolfo Suárez, al que trataba de demostrar permanentemente que lo consideraba un político de escasa categoría. Suárez le respondió siempre con desdén, como ocurrió en el Elíseo cuando Giscard presumió de la excelencia del vino que le ofrecía y de su alto precio y Suárez le comentó que él solía beber agua en las comidas. Se detestaban.

Más relevancia tuvo la gestión que hizo Manuel Prado Colón de Carvajal poco después de la muerte de Franco. Don Juan Carlos quería, necesitaba, que dirigentes de países importantes acudieran a su misa de Coronación en los Jerónimos, para visualizar el cambio que se iba a producir tras años de dictadura con una España aislada internacionalmente. Para el Rey era clave que acudiera Giscard por su papel en la CEE, y encargó a Prado que viajara a París. Cuando Prado le invitó en nombre del Rey a acudir a la Coronación, se negó. Ante la insistencia dio a entender que sólo acudiría si recibía un trato especial por parte de Don Juan Carlos, que lo diferenciara del resto de los invitados, y Manuel Prado, sin consultar con el Rey, le propuso un desayuno privado en Zarzuela antes del acto de los Jerónimos.

En la Misa hubo dignatarios, incluidos Jefes de Estado de países democráticos, que apenas días antes era impensable que visitaran España; pero Giscard hizo todo lo posible para dejar claro su protagonismo. Un episodio poco conocido que demuestra el carácter del presidente francés que acaba de fallecer.

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