Con la venia

Fernando Santiago

fdosantiago@prensacadiz.org

Gayumbos de pasión

Ajoselito el Gallo se le atribuyen multitud de anécdotas, supongo que algunas serán ciertas, otras inventadas y la mayoría, edulcoradas. Se cuenta que una vez le presentaron a Ortega y Gasset : este señor es filósofo, le dijeron. Respondió el torero: "Hay que joderse, tiene que habé gente pa tó". Eso mismo pienso yo cada vez que veo a los capillas haciendo cosas verdaderamente extravagantes. Supongo que a ellos les parecerá una excentricidad que alguien escriba un artículo, juegue al fútbol o sea seguidor del Atleti, por decir actividades que pueden parecer raras. Díganme ustedes si no es extraño que le regalen a alguien una jarra de agua y un vaso para que pueda beber durante el pregón. Digo más: le regalan también papel y tinta (ellos no saben que eso ya no se usa, viven en el siglo pasado), unas tapas donde meter los papeles del pregón e incluso unos gemelos, según dicen. Cosas extrañas, casi tanto como los pantalones que llevaba Zidane el otro día. Gente pa tó, que dijo el torero. Yo sé que Manzorro guarda todas esas cosas porque tiene el síndrome de Diógenes pero supongo que al cabo del tiempo todos esos trastos que les regalan a los pregoneros terminarán en los Baratillos un domingo cualquiera junto con algún juguete de hace 50 años o un Interviu de los años 70. Yo, sin ir más lejos, animo a los cofrades gaditanos y del mundo mundial, que decía Manolito Gafotas, a que continúen ampliando el catálogo de regalos. Supongo que sería un cable que alguien le regalase el chaqué, prenda estrafalaria en desuso que algunos se compran aunque luego no saben qué hacer con él, salvo Romo en Matenca, que se lo alquiló en Isi. ¿No sería mejor que le regalasen algo tan inútil como eso? Ya puesto podríamos seguir: corbata, camisa, pantalones, chaleco. Muy importante: unos gayumbos. Las madres de antes decían que había que ir siempre con la ropa interior impoluta no te fuera a dar una alferecía en plena calle. No estaría de más que cualquier cofradía, tertulia o asociación procediera a regalar calzoncillos en modelo clásico con cualquier bordado en lugar apropiado. Incluso "calcetines para camareros" como hacía el Manteca, que los pregoneros tienen que pasar varias horas de pie. Importante un tarro de brillantina: ya que copiamos a Sevilla madre y maestra en todo, hay que hacerlo también en algo tan importante. Digo más: un pasador para la corbata al objeto de que pueda formar el buche de paloma tan característico del cofrade sevillano, prototipo para los capillas de Cádiz.

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