El Alambique

Carlos / Díaz

Ganas de discutir

LAS broncas se han convertido en lo normal en la política española en los últimos años. Es indiferente hacia donde mire uno, siempre hay peleas. Da igual que se trate de política nacional, autonómica o local; que sea el Parlamento, el Ayuntamiento o un simple plató de televisión; que se esté hablando de presupuestos, de educación, de sanidad…ni siquiera hace falta estar entre políticos: con estos temas pasa lo mismo en la cena de Navidad o tomando unas cañas con los amigos. Todo se divide en bandos con posturas aparentemente irreconciliables, todo el mundo se alinea (o lo alinean) en uno de ellos y hala, a darse caña. Si es sin escuchar los argumentos del contrario y faltándole al respeto, casi mejor.

Esta actitud que impregna nuestra sociedad actual empieza a manchar cosas aparentemente fuera de su alcance. El último ejemplo lo hemos visto con las cabalgatas de Reyes Magos. Creo que la expresión que mejor resume lo que ha pasado es que se han juntao el hambre con las ganas de comer. Por un lado, las ansias renovadoras de algunos de los nuevos ayuntamientos surgidos de las últimas elecciones los han llevado a abordar todo tipo de reformas. En muchos casos se trata de cambios bastante justificados, dicho esto desde el punto de vista de su ideología y su programa electoral. En otros casos, francamente, parece más ganas de armar jaleo. Por otro lado, tenemos a la oposición municipal, hasta hace poco en el poder, ansiosa por cuestionar cada acción de gobierno por parte de los que, a menudo, tratan poco menos que de usurpadores. De nuevo encontramos que, junto a protestas más que justificadas (insisto, desde su punto de vista) hay otras que parecen más de oficio.

En el caso de las cabalgatas a mí, personalmente, me parece frívolo el ponerse a modificar cosas sin ton ni son. No debería ser prioritario de ningún consistorio cambiar la indumentaria de los Reyes, suprimir los cohetes o forzar la paridad de sexos. Pero tampoco creo que haya que sacar las cosas de quicio con las protestas, que hay cosas mucho más importantes. Al final, sospecho que ambos bandos estarán satisfechos: han conseguido seguir armando jaleo. Espero que los niños, que es de lo que se trataba en este caso, también lo hayan estado.

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