Pequeñas posesiones

ángel Mendoza

Fundidos

EL eslogan salía de la voz nasal de Alfredo Amestoy, aquel polemista televisivo que pudo ser más lenguaraz de la cuenta porque le hacía mucha gracia al Generalísimo. Remataba un anuncio sobre el ahorro de energía y decía: "Aunque usted pueda pagarlo, España no puede". Mediados de los setenta, crisis del petróleo, hecatombe económica. El caso es que ni usted ni España podían pagarlo, pero aquello parecía una forma de elevar la autoestima de un país en el hoyo.

Vuelve a hablarse de energía, que en realidad nunca ha dejado de estar en nuestras conversaciones, pero que toma perfiles diferentes según la coyuntura (¡ah, la coyuntura!). Parece mentira que hace nada se batía todos los años el récord de consumo de electricidad. Más bonanza, más compras, más felicidad, más luz. El brillo material no sólo no ensombrece el corazón de un pueblo, sino que tiende al resplandor avaricioso. Éramos una llama viva de progreso y crecimiento sin fin.

"Una vivienda sin luz no es una vivienda", ha dicho un destacado dirigente de Pro Derechos Humanos. Y lo ha dicho porque se ha creado en Cádiz una Plataforma por el Derecho a un Vivienda Digna y contra la Exclusión, y se ha creado porque el invierno viene duro, el frío muerde como un perro rabioso y cada vez hay más personas que no tienen ni para encender una bombilla que les deje ver su miseria. Asociaciones y más asociaciones, plataformas, foros que representen a quienes no se sienten representados por quienes deberían, y de los que, más bien, llevamos ya tiempo defendiéndonos. La Junta ha emplazado a las eléctricas a que no corten la luz en estos meses, "una acción de buena voluntad", ha dicho Valderas. Al parecer no hay un céntimo para eso y es preciso arrodillarse ante los poderosos del asunto, aunque en países como Francia o Inglaterra ya se ha legislado al respecto, y la "tregua energética" no es ninguna acción de buena voluntad, sino una decisión política para salvaguardad el mínimo vital de los menesterosos. Un preboste del sector ya ha asociado, por cierto, medidas así con "el gratis total". Otra vez a satanizar escuálidas ventajas, calderilla, a epatar contra quienes en esta guerra sucia sólo pueden soñar con treguas. Susana Díaz, la emergente, ha dicho que "no quiere titulares a cuenta de los más débiles". Ellos seguro que tampoco: quieren que el cuerpo no se les agarrote en noches heladas como las de estos días.

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