por los bloques

Óscar / Lobato /

Fotofobia

QUERIDOS y excelentísimos presidentes del Gobierno: Por favor, nunca viajéis a EEUU. Y si vais, no poséis jamás para la foto oficial. Os lo rogamos encarecidamente.

Es duro pero debemos admitirlo, existe una pérfida conjura entre la Casa Blanca y Photosop, para que salgáis con pinta de memos integrales.

Primero fue José María Aznar y esa pose, pies sobre la mesa y veguero en ristre, junto a George Bush. Mientras este último retrataba tal cual era, un vaquero dipsómano, el pobre Aznar parecía el hermano crápula de Rin Tin Tin.

Luego, tuvimos a los Zapatero, en plan Familia Adams, al lado de los Obama. Especialmente dura, la jeta del propio ZP, que se antojaba la de Fétido, tras seis meses en Natur-House.

Finalmente, cuando todo eso parecía ya superado y lejano, acontece lo de Rajoy. ¡Gensantísima!...

Ese Mariano, emparedado entre Michelle y Barack, resplandeciente con lividez féerica de ánima en pena ¡Menuda grima! Eso no es una foto. Eso es una atroz versión manga de la Transfiguración en el monte Tabor, dibujada en un taller clandestino de Corea del Norte.

El Rajoy de la instantánea es a Obama lo que Monchito a José Luis Moreno, o el león Rodolfo a Maricarmen y sus muñecos. ¡Da cosica!

Queridos presidentes del Gobierno de España, por favor, os lo suplicamos: no lo hagáis más. Amenazad de muerte al fotógrafo, pagadle lo que os exija por los negativos y destruidlos. Mejor aún, pedid presupuesto a Joaquín Hernández Kiki, que es un mago de esos asuntos.

Ahora, cada vez que el iridiscente Mariano sale en la tele, tenemos claro que para dar con otro estadista de su talla, debemos remontarnos a Carlos II, el Hechizado.

Es ver esa imagen suya y nos asaltan pesadillas. Sueños terribles, donde el retrato velazqueño del bufón Calabacillas se superpone a las pinturas negras de Goya.

Queridos y excelentísimos presidentes del Gobierno, no reincidáis. Entendemos que os seduzca tener una foto de esas para vuestro álbum. Pero, por piedad, no nos la mostréis.

Es gracia que no dudamos en alcanzar del recto proceder de Vuecencias, cuya vida Dios confunda.

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