AL calor de los cursos de formación se ha creado un negocio que mueve mucho dinero y han surgido desaprensivos que tratan de aprovecharse de las desgracias ajenas para hacer caja. Ha vuelto a suceder de nuevo en Cádiz, donde un sindicato casi desconocido, el SIT, ofrecía como churros cursos fraudulentos que en plena crisis se vendían rápidamente como solución para optar a puestos de trabajo. Habría que ser ejemplares con el castigo a los responsables de este escándalo para que no se repita y quienes tengan la tentación de repetirlo se lo piensen dos veces. Habría que aumentar las inspecciones desde la Administración y habría que estudiar qué se hace con quienes, a sabiendas de que recibían un curso (previo pago) sin hacerlo, optaban en condiciones ventajosas a una oferta de trabajo.

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