Su propio afán

Follón de Fillon

Por su condición de cónyuge, Penolope Fillon ya era la asistente parlamentaria (y de todo) de su marido

Qué fallo de Fillon, que lo tenía todo de cara. Le bastaba con pasar a la segunda vuelta de las elecciones francesas, aunque fuese por los pelos, para agrupar a su espalda a toda la Francia políticamente correcta contra Marine Le Pen. Para los carcas como yo era el súmmum: un conservador como alternativa a una derecha descarnada, y nada más. Pero Fillon se ha enredado con el sueldo secreto que, según desveló el semanario Le Canard enchaîné, le había puesto a su mujer en calidad de asistente parlamentaria.

En sí, no es una cosa tan extraña. Los parlamentarios franceses hacen de su capa un sayo (un suyo) con el dinero para asesoramientos varios que reciben. Hasta 52 diputados y senadores tienen fichado a su cónyuge o a algún otro pariente cercano. Lo malo es que Fillon se presentaba como el hombre de los recortes y la honradez. Y lo peor es que no consta que su mujer le asesorase o asistiese nunca. Y lo pésimo es que incluso ella lo negó en alguna entrevista televisada, pero ahora admiten ambos ante el fiscal que fue, en efecto (en efectivo) su asistente parlamentaria. Los índices de popularidad de Fillon están cayendo en picado y hasta es posible que no pase a la segunda vuelta, perdiendo la bicoca electoral de presentarse como única alternativa al Frente Nacional.

Quizá podríamos intentar invertir la carga de la prueba. Lo normal es que una esposa asesore, asista, administre y organice el trabajo (y la vida) de su marido. El puesto de asistente va de suyo. ¡Cuántos buenos consejos no le habrá dado Penelope Fillon a su marido y cuántos desvelos no habrá pasado ni trabajos emprendidos ni vida social extenuante por apoyarle! El régimen de gananciales no deja de ser un reconocimiento jurídico y económico mutuo de los cónyuges de ese trabajo de asistentes el uno para con el otro. Fillon sólo se había aplicado el régimen de gananciales, echándole encima la ganancia de una nómina extra.

Pero esta justificación mía se lo pone más feo aún al francés. Porque implica que aprovechó el sueldo de asistente parlamentario para subirse el sueldo a sí mismo, siquiera fuese mediante la vía indirecta de sus gananciales gananciosos. O aparece algún trabajo tangible, profesional, más allá de la inmensa asistencia conyugal de toda la vida, o tendrán un problema muy serio los Fillon. Y si aparece, lo tendrán, por haberlo negado tantos años. Lo tienen: un problema muy serio: un follón.

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