ABRO de par en par esta ventana que me ofrece Diario de Cádiz para sacarle los colores a Cádiz, para piropearla y para resaltar su admirable belleza, utilizando este atrio como altavoz que proclama con orgullo sus inmensos valores pero, al mismo tiempo, para pedirle que se espabile cuando sea preciso, e incluso regañarla cuando sea menester…

Y es que Cádiz es mucha Cádiz… silenciosa y discreta matriarca de civilizaciones, salinera de serena belleza, altanera picarona de tronío y brillante cosmopolita: Cádiz es todas en una. Una provincia con mil matices, con recursos que valen su peso en oro y con una arrolladora personalidad que, sin embargo, no termina de romper. Simple y llanamente porque no se lo cree. O porque se lo cree demasiado, que también puede ser. Les adelanto que ésta no será una columna políticamente correcta, pero convengan conmigo en que nuestra provincia necesita menos "política" y más "corrección" a la hora de hacer las cosas. Seamos leales con "nuestra" Cádiz y pongamos las cosas en su sitio. Y es que de eso se trata: de hacer bien las cosas, de no cejar en el empeño de poner esta joya donde se merece; de sacarle brillo y sonido a los buenos metales de los que está hecha y tañer las campanas de su independencia y libertad. Sin yugos, pero sin indolencia, que alguna hay.

No existe en España una provincia que atesore valores territoriales tan ricos, singulares y diversos como la historia de la Bahía, la solera de la Campiña, la biodiversidad de la Sierra, la historia del Campo de Gibraltar, el patrimonio de la Janda o la etnografía de la Costa Noroeste. Pero a pesar de los titánicos esfuerzos que miles de gaditanos hacen día a día por darle brillo a esta joya y poner la provincia donde merece, tenemos unos niveles de desempleo, renta, y productividad que generan en la sociedad un estado de insatisfacción y desigualdad inasumibles en el siglo XXI. Cádiz es Flor de Sal. Un tesoro escondido en el fondo del tajo que hemos dejado que precipite, donde aguarda latente una gestión decidida, valiente y sostenible. Escribir, trabajar o luchar para que nuestra salinera de serena belleza no se duerma es el mayor orgullo de quien ama a Cádiz… Como dijo uno de tantos ilustres gaditanos… ¡Cádiz, despierta!

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios