¿Fin de la baraka de Sánchez?

Si algún fenómeno paranormal o una catástrofe natural no lo impiden, Pedro Sánchez anunciará hoy la convocatoria de elecciones generales. Pondrá así fin a una escapada que apenas ha durado ocho meses y que ha vuelto a demostrar que en política, como en la vida misma, la realidad siempre espera paciente a la vuelta de la esquina. Sánchez creyó ciegamente en su baraka, en su prodigiosa cintura para driblar la malandanza, en la fortuna de los suicidas, pero Cataluña seguía allí para recordarle que era mortal. Los mismos que le dieron el poder, los independentistas catalanes, se lo quitan ahora. ¿La razón? Pretenden la alineación de dos fenómenos que pueden desestabilizar España: un juicio que ya está siendo utilizado como un arma propagandística tanto en el exterior como en el interior (quizás es el momento de releer Estrategia judicial en los procesos jurídicos, de Jacques M. Vergès, conocido abogado de causas terroristas), y un proceso electoral que encenderá las hogueras en todo el territorio nacional.

Sin embargo, si algo ha demostrado el procés, es la fortaleza del entramado institucional del país. El Estado español ya no es esa chatarra retórica e ineficaz que propició el nacimiento del nacionalismo catalán y vasco a finales del siglo XIX. Muy al contrario, ha demostrado ser una máquina eficaz y moderna. También orgullosa y popular. Los líderes secesionistas creyeron que sólo hacía falta soplar un poco para que la vieja casa común de España se deshiciera. Sin embargo, se encontraron con la firmeza de las instituciones y las banderas en los balcones. La intervención de los fiscales el pasado miércoles enseñó al mundo una España sin complejos, segura de la justicia de su causa y de que no tiene que pedir permiso a nadie para defender su Estado de Derecho y su soberanía.

Pedro Sánchez anunciará hoy el día exacto de las elecciones. Atrás deja ocho meses perdidos por su empeño de flirtear con un nacionalismo catalán altamente tóxico; también un PSOE profundamente dividido y temeroso de lo que pueda ocurrir. Lo único positivo son algunas medidas y amagos de carácter social que nos recuerdan la enorme deuda social acumulada durante la crisis, pero que no son suficientes para concurrir con la cabeza alta al tribunal de las urnas. Todo indica que la baraka de Sánchez ha empezado a declinar. Quizás el vudú de Susana Díaz esté empezando a surtir efecto. El fracaso de Sánchez sería su salvación. La política, a veces, es tremendamente sórdida.

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