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Fiebre chupona

Es de destacar la capacidad de adaptación de estos empresarios modestos, de dar la vuelta a sus negocios

Mi prima Carmina que es más escrupulosa que una pescadilla en blanco, dice que no se come una ración de caracoles como no sea que todos los bichos lleven mascarilla puesta y que en vez de guisarse en el caldo se cocinen en una solución hidroalcohólica al 20 por ciento...Ella dice que si se le carga un poquito más de especias eso sabe igual.

Su hermano que está ya de ella hasta la funda de las gafas por el pejiguerismo convulsivo de la muchacha dice que ya puestos se le podría exigir al Mari y José, que es donde ella dice que mejor los guisan, que presentara prueba PCR de cada bicho y que ya puestos que en la concha los caracoles debieran llevar un letrero diciendo que son material reciclable. El sueño de mi prima siempre ha sido "enlosá" el patio con conchas de caracoles recicladas, porque Carmina, es también "conservacionista" y conserva un billete de 20 euros lo menos 10 años. Fijaté si es lianta que metio en el lavavajillas los palillos con los que iba a sacar a los bichos "y asi no entra un virus ni puesto de lao".

Pero es que hasta mi prima Carmina, a pesar de su pejiguerismo, ha pedido caracoles a domicilio. Sin duda alguna han sido el gran descubrimiento de la temporada y la mejor prueba de la capacidad de adaptación del ser humano que es capaz de quedarse casi dos meses sin salir, más confinado que una anchoa de Santoña en una lata de 125 gramos, pero no puede vivir sin tomarse media taza de caracoles con su caldo hasta el codo.

Qué fácil es a veces que lleguemos a la felicidad, nos basta un tazón de caracoles; eso sí ,con un caldo más transparente que las lonchas de jamón que vienen en los sobrecitos, que de finas que las cortan, tienes que tener cuidado de que no salgan volando con el viento. Los bares de caracoles de la provincia de Cádiz han triunfado este año con su capacidad de adaptarse a las circunstancias en una versión "con caldo" de la famosa frase de Mahoma: Si la montaña no viene a mi, yo voy a la montaña. Es de destacar, y esto ya no no lo digo de cachondeo, la capacidad de adaptación de estos hosteleros, de estos empresarios modestos, que han sido capaces en pocos días de dar la vuelta a sus negocios.

Muchas veces nos quejamos de la falta de capacidad de modernización de las pequeñas empresas, de que desaparecen porque no son capaces de adaptarse a la modernidad. Sin embargo, una vez más los hechos, nos demuestran lo contrario. Con permiso, el aplauso de hoy a las ocho, va para los bares de caracoles que han llevado la felicidad en caldo y especiada a miles de comedores de casas de Cádiz...incluida mi prima Carmina la escrupulosa.

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