Yo te digo mi verdad

Festival de ideas

Sobrepasa mi capacidad de asombro al comprobar cómo este gran montaje ha dado para tanto tema de conversación

No tengo nada en contra del Festival de Benidorm, mutado ahora en Benidorm Fest por aquello de la cateta y acomplejada ola universal de escribirlo todo en inglés o algo parecido. No lo he visto como no veo tantas cosas que no me interesan, al igual que mucha gente no escuchará nunca música griega. Cuestión de gustos y pasiones. Recuerdo ese certamen como una cosa en blanco y negro de épocas pasadas y no diría que mejores, que sirvió para lanzar a muchos artistas de carrera más o menos provechosa para ellos y 'divertente' para el público.

Afortunadamente conservo mi capacidad de asombro, y esta vez me ha servido para volver a sentirla fresca. He visto telediarios, he escuchado boletines y programas radiofónicos y he leído periódicos, de los considerados 'serios', en estos días y la noticia sobre las peripecias musicales y personales de los artistas ha estado en todos ocupando un espacio que era para mí inimaginable, a tenor de la importancia del asunto. De pronto he descubierto escritoras, presentadoras, intelectuales, músicos, políticos de todas las líneas ideológicas, ministros e incluso vicepresidentas, interrogados ¡y contestando! sobre sus preferencias y sus favoritos.

No voy a presumir de agenda apretada ni de múltiples inquietudes culturales, pero ni caí en qué días se celebraba el nombrado Fest ni recordé la hora en la que sentarse a ver la gran final. Pero eso sí, como lector de periódicos y oyente de informativos, me han llegado por fuerza los comentarios posteriores, y veo, esta vez sí, casi sobrepasada mi capacidad de asombro, al comprobar con estupor cómo este gran montaje de espectáculo comercial ha dado para tanto tema de conversación, debate e incluso encendida y desagradable polémica. Resulta que te pueden considerar más o menos moderno, más o menos progresista, más o menos feminista según te haya gustado más o menos una cantante u otra.

De un festival que yo asocio, vaya usted a saber por qué, con algo tan blanco como Karina, hemos pasado a un acontecimiento objeto de todas las tertulias, y que ya habría querido para sí el gran José Luis Balbín en su mítico programa 'La clave'. Según parece, alguien ha sacado de todo eso la conclusión de que las tetas (femeninas, se entiende) dan miedo. A mí, la verdad, me dan más repelús las de Schwarzenegger. Y esto no es nada, terror me da pensar lo que puede dar de sí la continuación, el Festival de Eurovisión, en el que concursa incluso Putin.

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