LÍNEA DE FONDO

Jesús / Guerrero / Jguerrero@diariodecadiz.com

Felicidades por los 100

El Centenario, a pesar de esperado, coge al Cádiz a pie cambiado. El cumpleaños, lo único celebrable

EL Cádiz cumple 100 años. Desde aquí, mi más sincera enhorabuena. Y mi admiración a todos aquellos que siguen yendo a Carranza los fines de semana, ya sea con la esperanza de ver un partido interesante (no me atrevo a decir un buen espectáculo), ya sea por amortizar el dinero que se gastaron en el carné o por el simple hecho de ver cómo van las obras de la tribuna.

La cuestión es que ayer se reunieron una pandilla de cadistas para soplar las velitas y mirar atrás con añoranza. Recordar viejos momentos de gloria, ver fotos de un amarillo que hoy ya aparece gastado por el tiempo y los sinsabores. Del futuro se habla poco y con la boca pequeña en un acto así. Esperanza, sí, pero hacen falta mimbres para ilusionar.

Llega el Centenario y nos pilla con los bolsillos vacíos, en concurso de acreedores, con una temporada irregular que nadie sabe en qué acabará, con la afición quemada de la institución, con unos propietarios que llevan años hablando de venta, con unos compradores que tal y como vienen se van y una deuda que vino para quedarse.

Llegó el Centenario y lo sabíamos. Por eso llevábamos tiempo especulando sobre si Lucas Lobos vestiría de amarillo en el año del 100 si no estuviésemos en un pozo que sabe a profundo, esperando tener un estadio de primera categoría que espera días mejores para ver su final y con el ansia de admirar otra vez de amarillo a un Mágico González que nos rememorase lo que fuimos, pero ni eso nos ha dejado ver el maldito dinero.

Cumple 100 años el Cádiz en un momento poco lustroso. En crisis institucional, económica, de resultados y de cariño, que es lo peor. Hacen falta alegrías para este rincón, vítores en Carranza, que suenen los pitos de los coches, que ondeen las banderas y salpique el agua a las Puertas de Tierra. Quizás.

Yo no sé cuál es la esperanza de vida de un equipo de fútbol, que 100 años son muchos años. Y si no nos da tiempo a vivirlo otra vez seremos nosotros los que saquemos nuestras fotos amarillentas para poder rememorarlo.

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