El Palillero

Feijóo como alternativa

Se ha visto que el PP sólo echa al PSOE de la Moncloa cuando los socialistas han arruinado a España

En 1990, Sevilla fue el escenario elegido para consolidar la refundación del PP, bajo el lema Centrados con la libertad. Se celebró un congreso del que salió Aznar como un joven líder que buscaría llegar al poder frente a Felipe González. Era el peor momento posible, con los fastos de 1992 en puertas, cuando España acogía los Juegos Olímpicos en Barcelona, la Exposición Universal en Sevilla y la Capital Cultural Europea en Madrid. Se ha comparado su situación con la de Alberto Núñez Feijóo en 2022. Pero José María Aznar no llegó a la Moncloa hasta 1996, seis años después del congreso de Sevilla. Y no obtuvo mayoría absoluta, sino que debió pactar con los catalanes de CiU, los vascos del PNV y los canarios de CC.

Entonces (o sea, en 1996 con Aznar), como después (en 2011 con Rajoy), se ha visto que el PP sólo echa al PSOE de la Moncloa cuando los socialistas han arruinado a España. Es decir, que el pueblo vota a los socialistas para darle alegrías a tu cuerpo, Macarena. Pero cuando la cigarra se ha pasado tres pueblos, y ya se nota demasiado en el bolsillo, se vuelven los ojos a la hormiga. El problema del PP era que con Pablo Casado se volvían los ojos y no se encontraba a la hormiga, sino que no se veía nada.

Después del 92, llegó la crisis del 93. Después de arrollar en las elecciones de 2007, Zapatero se encontró con una crisis mundial que primero negó y después no supo gestionar. Después del cambalache que montó con el pacto de Frankenstein en 2018, a Sánchez le empezó a pasar de todo, y así ha tenido: una pandemia mundial, una guerra en Europa y una gestión desastrosa, siendo el último en enterarse, y demostrando que su nivel de estadista es nulo. Así está batiendo todos los récords, incluido el de inflación, que ya va camino de pasar del 10%, algo inenarrable por su repercusión en los bolsillos de pobres y ricos, algo que nunca habían visto los millennials.

Ese inquietante panorama es el que se encuentra Alberto Núñez Feijóo como líder de la oposición y candidato del PP a las elecciones de 2023. Parte con una ventaja: peor que el otro es imposible. Y con el inconveniente de que las tentaciones del populismo están ahí. No por el lado de Unidas Podemos, que se han quemado ellos mismos, sino por el lado de Vox, al que no se ve como un partido de Gobierno, pero sí como un voto de la desesperación. Por consiguiente, se trata de poner esperanza, allí donde no la hay. Si lo consigue, será presidente del Gobierno.

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