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Dedicamos demasiado tiempo y espacio a la política, el primero, yo; y ayer leí el canto X del Inferno de Dante. No me ha consolado, en absoluto. Ha ahondado, como Dios manda y la Comedia obedece, mis cargos de conciencia.

Es un canto perfecto: todo encaja. Farinata degli Uberti está condenado en la sección herejes, apartado epicúreos, esto es, con los que niegan la inmortalidad del alma. Penan encerrados en tumbas porque no creen en la vida eterna. En realidad, Dante no quiere hablarnos de Teología, sino de la pasión por la política que consumió al muy noble y heroico Farinata. Negó la inmortalidad porque no vivió más que para la puntal batalla política y la breve estrategia partidista. Farinata desdeña el infierno en el que está eternamente, más que nada porque vive aún inmerso en las rencillas ideológicas de su Florencia natal. Se despega hasta cromáticamente de su oscurísimo entorno, él, que fue rubio, casi albino como Boris Johnson y le pusieron el mote Farinata porque parecía rebozado en harina. Dante le hace un fino retrato psicológico. Sólo le interesa saber de qué partido eran los antepasados del poeta, no presta atención a ninguna conversación que no sea política y es incapaz de empatizar con cualquier otro sentimiento, por tierno o desesperado que sea, como el de su compañero de sepultura Cavalcante dei Cavalcanti, tan angustiado por su hijo.

¿Cuántas veces habré leído ese canto? Ninguna vi tan clara la advertencia de Dante. Admira a Farinata, tan valiente y magnánimo; pero, por eso mismo, nos dice con tanta fuerza que cuidado, que obsesionarse con la política termina en la negación del alma inmortal, incluso de las más grandes, y de la capacidad de amar al prójimo.

El aviso no nos lo hace ningún purista de la indiferencia desde su torre de marfil, ojo. Dante también vive la pasión política, traído y llevado por las vicisitudes de su patria. No obstante, él ni se niega a la amistad ni se olvida de eternizar su alma. Lo va poniendo todo en su sitio. Qué gran ejemplo para el año que entró, que promete curvas políticas.

Con ningún éxito he recomendado a mi hermano farmacéutico vender aforismos de Chesterton como píldoras contra la depresión. Podría también ofrecer un jarabe de Canto X del Inferno contra la obsesión política. Dante, curiosamente, estaba inscrito en el gremio de boticarios, y en el 2019 vamos a necesitar más de dos cucharadas de ese jarabe.

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